En “La Casa del Loco”, un pequeño local que fue de jazz, después de música sudamericana y que ahora su dueño peneuvero dedica al streep, han podido ver muchos bilbainos el primer ser con teta y pito de su vida.
Zass.... Zass... Zass... Las ropas van cayendo al ritmo de una música lenta. Ya sólo queda un triangulito brillante. Las caras del personal están tensas entre la vergüenza y el cachondeo. Un politico de Herri Batasuna mira de reojo y enrojece cuando ve a unos periodistas conocidos. Y el triangulito centro de atracción cae. Y la mujer que ha dado besos a algunos espectadores enseña su pene subdesarrollado.
Algunos, hace uno o dos años, no se atrevían a ir más allá de este pequeño local de Zabalburu, pero otros se adentraban por la calle de San Francisco para dirigirse al Novedades o a “La Carmela” y ver al histórico Juanito el trianero, del barrio chino de Bilbao de toda la vida, y a “La Loba” hacer sus números entre galas y plumas.
Pero los tiempos, aunque con retraso, han cambiado. A Juanito que se operó del pito y pasó a llamarse Penélope y después Janette, le ha retirado un novio muy celoso y con bigote, que le ha puesto una pensión. Ahora, Janette es feliz haciendo camas y atendiendo a la cocina entre canturriada y canturriada. “La Loba” por su lado, se ha ido a Barcelona; se ha operado los pechos y la nariz, y con un poco de silicona más en las hormonadas teticas y un apéndice nasal pasado y reducido en el quirófano, prosigue su vida artística en el “Whisky Twist” en Barcelona. Maika, como se llama ahora, actua con Violeta la burra, ese travesti con pinta de camionero que pega tantos cortes al personal.
Juanito y “La Loba” abrieron brecha en la Palanka –nombre común del barrio chino bilbaino- hace 15, 20 años... y ahora, el barrio que agonizaba y se moría de aburrimiento con unas putas tradicionales de a 500 pesetas el polvo, está viviendo su renacimiento gracias a estas alternadoras que estan orgullosas de sus tetas nuevas que se gastan casi todo el dinero en su propio cuerpo.
La marcha había empezado en Barcelona. Boum-Boum, Boum-Boum. Los travestis se lo tenían bien montado en el mundo del espectáculo y se paseaban tan ricamente por las Ramblas. Ahora según los travestis le ha tocado el turno a Madrid a Canarias y a Bilbao.
Con los calores del verano, la Palanka empezaba a recibir a cuentagotas al travesti de Barcelona, de Andalucía o de la Rioja, de Bilbao...
Primero fue el Hippys en la calle Las Cortes donde andan de 15 a 16. Después, “Tú y YO”, donde sola, perdida y amargada como en un Tango, esta Devora, antiguo recadista de Egin, 20 años, de Bilbao, con familia chapada a la antigua. Hace menos fue el Papillon Gay, donde hay pésimas actuaciones con Play Back. Y el bar Uribe, en la calle Laguna, donde fueron dos amigos gay, con unos globitos a modo de tetas, como experiencia y a los 15 días salieron llorando.
El Trebol en la calle Laguna, 12 es el último y ha abierto hace dos meses. Allí esta Inma que es hermafrodita y Sandra y Lidia que se vinieron juntas de Barcelona a ganar tela, Mila que ha llegado también de Barcelona hace unos días, y muchas más... José, el dueño, había tenido bares, pero nunca de este tipo. Y ahora lo que nota, sobre todo, como otros dueños de bares de travestis, es el cabreo de las putas: “te miran mal y procuran montarte follones y es lógico, yo trabajo 20 veces más que un bar normal, eso de caja. Y luego mis chicas hacen muchas más subidas con clientes y además cuatro veces más caras porque cobran a dos mil pesetas”.
OCULTON Y MADRE EN LA VIDA
La barra del Trebol es alargada
como en casi todos los bares palankeros, que los vienen aquí, de
la clase social que sea, porque hay de todo, quieren beber para desinhibirse
y alternar con las chicas. Homosexuales reprimidos, ocultones, como les
llaman ellas, cuando van a la cama con el travesti elegido lo primero que
hacen es tirarse a su sexo.
El 99 por 100 de los que vienen, dicen, además, que es la primera vez que van con un travesti y, luego, se las comen vivos, conservan las máscara hasta llegar al meublé. El ravesti anda rápido y por delante o por detrás va el cliente aunque sólo recorren 20 metros. ¿Y qué pasa en el catre con esto señores que muchos de ellos tienen mujer e hijos, una familia y un trabajo de fuste?
Sandra nos contó en el Trebol: “a todas las personas que han venido conmigo se la he tenido que meter. A uno le tuve que poner una peluca y maquillar de mujer. Y es que el que busca un travesti busca algo de mujer y yo creo que el 89 o el 90 por 100 lo busca de hombre. El que va con un travesti va a sentir nuevas sensaciones. A tapar y ocultar lo en el fondo lleva y siente. Por tanto, es un reprimido, un reprimido sexual. Y luego, en la cama, todos somos madres. Madre nosotras lo empleamos para decir que en el fondo son más reprimidos que nosotras, son pasivos y quieren que les penetres”. Una de las chicas del Hippys, dos años en Bilbao, tres veces en la cárcel nos contó: “aquí vienen firmas, porque son firmas en Bilbao que lueog se hacen la estrecha y son los que más nos molestan y los que menos dan la cara... Empezando desde no se... Bueno yo lo digo todo porque... Desde el Juez de Peligrosidad Social es homosexual, porque es homosexual te lo puedo garantizar porque lo sabemos. El nos ve a nosotras y quiere que vayamos como él con chaqueta, con corbata, con chalequillo y con todo, y claro no es así. La gene que viene con nosotras son tíos casados, con hijos, de todo, pero que tienen también tendencias homosexuales. En Bilbao, que yo siempre he pensado que por aquí hay muchísimo homosexual, lo que pasa es que se oculta mucho. Está muy reprimido y no dice que es homosexual. A muchos les gustaría ser como nostras pero por el qué diran van vestidos con trajes. Vacilan a nuestro aire, y en la cama hacen de todo, pero estan ocultones, como nosotras decimos, y se derrotan nada más que llegan a la calle, que se vuelven señores como el Juez de Peligrosidad Social”.
Amanda nos contó en el Papillon: “nada más llegar a Bilbao mi primer ligue fue un conde y me tuve que tirar al conde, al amigo del conde y a su mayordomo, los tres maricones perdidos y tratando de disimular”.
RENUNCIAR A 32 CENTIMETROS
Morbo, olor ácido, flores
de plástico, plástico y skay, mal gusto, docenas de colillas.
Un niño de cuna que no para de llorar. José, el dueño
del Trebol hace un chiste malo “el ascensor es antiguo y está estropeado”
–no hay ningún ascensor y hemos subido cuatro pisos para llegar
a esta casa de Las Cortes-. La compañera de José sale con
una bata aboatinada a ver si encuentra un winston: “La Giralda tiene ahí
un chisme muy mono rojo, si quieres te lo doy o te vas a desnudar”. Sandra
contesta desde un cuarto: “no salgo asín con el maillot”. Y sale
a enfrentarse con la máquina de fotos y el magnetofón. Otras
veces ya lo hizo para el Lib, o e lParty y hace pocos días le vino
un periodista del Interviu.
Ha bebido varios whiskys como todos los días “porque si voy al bar donde trabajo y no me tomo dos copas antes de empezar no soy nadie. Me corto, hasta que he bebido soy una monja de clausura”. No paro de fumar. Nació en una famlia de clase media de Granada hace 26 años. “Mi padre creo que actualmente es multimillonario pero llevo ya 10 años sin verlo. Es hebreo y cuando se casó con mi madre por la iglesia católica, su familia que estaba en América y que no aceptaba a mi madre no paró hasta que tiraron de él. Ahora hemos perdido la pista y lo único que sabemos, es que está con otra mujer y que tiene dos hijos más”. Su madre se ha ido a vivir a Granollers con su única hermana que está casada y que tiene dos hijos. Sandra les llama por teléfono un día sí y otro no, pero no les cuenta la verdad, eso sólo lo hará el día que sea una supervedette, por ahora le dice a su madre, que su hijito, su ojo derecho trabaja de artista y pone disculpas para no presentarse como una mujer.
De niña jugaba con muñecas y tenía pensamientos de mujer, dice que así fue y así lo recuerda desde que tuvo uso de razón, pero que llegó a tener una novia formal para tapar lo que sentía. Pero a esa mujer sólo la quería como a una madre, como a una hermana y como a una amiga. Así que a los 20 años Sandra se echó un nuevo amor, un chico también de Granada cuya familia era amiga de la suya. Se liaron hasta hace 4 meses, hasta el día en que el chico que era Sandra, decidió hormonarse, decidió convertirse en mujer.
Con su marido, como ella le llama, que es bailarín, trabjó en Andalucía y en Madrid: “En la sala Centauro me amenazaron de meter una bomba en la sala por política”. Y luego fueron a la conquista de Barcelona.
En Barcelona era el gran boum. Sandra saca fotos de la cartera. “Este era yo, que realmente era mucho más guapo como hombre, en mis comienzos del Whisky Twist. Y este es el carnet de Comisiones Obreras: hijo no me saques una foto que me van a meter en la carcel. Y este era mi marido. Ha salido en el Party pequeño esta smeana magnífico ¿no lo has visto? Tiene 32 centímetros de miembro, imagínate”. Su marido le quería como hombre aunque Sandra actuaba sexualmente como mujer. Todo fue bien mientras era Paco Robles, el cantante transformista. Pero el día X, aquel de hace cuatro meses en que decidió el nuevo rumbo, perdió a su marido. Y eso le hace ahora poner cara de nostalgia “él me quería físicamente chico. Pue-