CAPITULO MMCMLXVIIII.- De cómo al pequeño Harri se le educó en la más estricta ignorancia de cuáles eran los usos y cometidos del bulboso badajo que le colgaba entre las pierntas, y cómo aquellas correcciones acompañadas de suturas y aderezos ortopédicos lograron retrasar su pubertad hasta los cuarenta y cinco años, fecha en que las Garbiñas del Santu Motz le disignan como impoluto, excelso y único posible depositario del Pene Incorrupto de Gabino Jarana el Protovirgo.
Harri fue hijo telegénetico –o sea, engendrardo en dos alcobas separadas por un tabique de tres metros de espesor, cuyas puertas custodiaban un notario, un perro de Dantzariena y el padre de la esposa provisto de un naranjero de chispa, para evitar cualquier intento de voluptuosidad por parte de los cónyuges- de Don Cashimiro Batua y Batua y de doña Emerenshi Batua y Batua. Don Cashimiro procedía de don Críspulo Batua y Batua y de doña Cashilda Batua y Batua, mientras que doña Emerenshi era fruto de don Zoshimo Batua y Batua y de doña Birtudesh Batua y Batua, y a pesar de ello y de todos los agujeros de algunos médicos genetistas, Harri al nacer no salió mongoloide ni mucho menos. Pesó al nacer ocho kilosy cinco gramos, estos últimos correspondientes al parvo pitilín y a los rugosos cojonzuelos, atributos que, aunque escasos, le permitían realizar una futura endogamia con alguna Batua y Batua nacida por aquel entonces, aunque según veremos el Destino le tenía señalado a Harri algo más sublime que el apareo, cosa siempre considerada poco pulcra en Euskal-Herria aunque se produzca por carioquinesis o por esporas. Cuando le hubieron despojado del cordón umbilical, nuestro Harri vió en peligro sus símbolos de virilidad, ya que el Aña, llamada Aña Beltz, haciendo chascar las tijeras de esquilar carneros, le quiso aliviar de tan nefando peso arguyendo:
-Así tendrá mejor voz de tiple para cantar las Vísperas.
Pero don Cashimiro Batua supo desviar a tiempo la mano castradora, diciendo:
-Zakilla gabe, kastitatea eztu meritorik –cuando no se tiene picha, la castidad no tiene mérito-
Y luego soltó un largo y ampuloso discurso hablando de que si San Antonio hubiese sido castrón o eunuco, lo de las tentaciones no hubiese tenido mérito.
Como si adivinara que acababa de salvar sus menguados pero valiosos guisantes, Harri empezó a lanzar vagidos que sonaba más o menos así:
-Hhhhh! Hhhh! HhH! HhHhHhhhHhH!
Con lo cual doña Emerenshi acusó:
-Gaixoa! Asma-miña dauka! –Cuidado! Es asmático!- Pero eso, tenís culpa vosotros, los Batua de vuestra rama, que todos habéis sido asmáticos.
Y el pequeñuelo porfiaba:
-Hhhh! HHH! HhHhHH!
Los presentes trataron de adivinar:
-Pide hidrógeno.
-Pide teta.
Los patrones instaron a Aña-Beltz para que amamantara al bebé Harri, como era su deber; pero la otra se negó diciendo que le tenía prometido al Cristo de Lezo no enseñar jamás su seno a varón alguno, y que el niño lo era.
-A menos que me permitaís... –insinuó, y las tijeras chascaron de nuevo en sus dedos azules y huesudos.
Pero los parientes no la autorizaron para que capara al retoño, y así Harri se vió libre de tener que mamar de un pecho reseco y pellejudo, y fue llevado donde la cabra, y se hartó de aquella leche ácida y animal, y al final separó los hocicos ahítos del pezón cabruno, y dijo en su idioma:
-H.H.
Y doña Emerenshi volvió a graznar:
-Asmático. Como todos los Batuas de la parte de Arrigorriaga.
La vieja Aña-Beltz hacía visajes, mascullaba conjuros. Al final se encaró con los amos y les dijo:
-Eztago miñerik, baizik miña: hatxea pronuntziatzen ari da –no hay daño, sino lengua: está pronunciando la hache-.
Cuando hubo cumplido Harri los doce años, la vieja Aña-Beltz se puso la toca de sibila y anunció que había que evitar a todo trance que el muchacho tuviese su primera polución, y que como primera medida le iba a atiborrar de hojas de erruda, y como segunda iban a colocar frente a su cama un Jesus-en Biotz de rubios tirabuzones y gesto ceñudo con la bola del mundo y una leyenda: “Si tibi cascatur, ploro” –si te la cascas, lloro-. Y, como tercera y definitiva medida mística, además de las jaculatorias y fórmulas a media voz, todas las noches el veterinario de la aldea le cosería a Harri su prepucio con guita de tripa de gato para que, de entrar algún súcubo en su sueño y provocarle una corrida fortuita, la corrida volviera a su origen sin desparramarse. Por las mañanas le quitarían los puntos para que pudiese mear. Así, Harri tuvo divesas y contenidas poluciones introspectivs que le llenaban de pavor y desconcierto, pero que, según su asesor espiritual el Padre Logorrea, S.J., le fortalecían el ánimo. “Orkitis aundia, zeruko biria” –una gran orquitis es el camino del cielo- solía murmurar el untuoso sacerdote.
Ya por entonces, merced a las profecías del Aña-Beltz, la cual había sido infomrada por la Garbiñas del Santu-Motz –las garbiñas eran las anti-sorgiñas, las brujas blancas, las vírgenes herméticas del Opus- de que Harri estaba escogido para una tarea excelsa, sus parientes y allegados presentían que aquella labor iba a ser la de resultar el despositario exclusivo del Pene incorrupto de Gabino Jarana, y por eso andaban todos ensimismados y cariacontecidos pensando cómo podrían preservar su pureza de los malos instintos. Y en esta preocupación colectiva vino a caer como un aerolito la noticia de que Harri se empalmaba con frecuencia nada deseable. Su breve y fino cañuto se solía poner levantado como el pitorro de los botijos que vendían los mesetarios por los pueblos. Por otra parte, el padre Logorrea S.J. se había percatado de que las corridas introspectivas ya no turbaban al infante sino que le hacían sonreír malévolamente. “Konkupistzentzia aurka, eskua lotuta” –contra la concupiscencia, la mano atada- sentenció el cura, y a partir de aquel día Harri hubo de dormir con las manos atadas a la espalda. Y para corregir los empalmamientos se le sujetó al glande, con grueso alambre, un plomo de red que contrarrestara su tensión libidinosa.
Este plomo colgado del pito lo llevó Harri Batua hasta que hubo cumplido cuarenta y cinco, fecha en que nuestro héroe se liberó de sus cohibiciones. Ya vereis cómo fue. Como el padre Legorrea S.J. le había recomendado al discípulo que entretuviera los ocios contemplando la bella naturaleza con sus prados, sus lechugas, sus patatas y sus animalejos, y así ahuyentar al Enemigo y a sus pensamientos insidiosos, Harri dió una tarde en observar el ajetreo de una hormiga que llevaba una cáscara de pipa en las pinzas. Al principio, la ojeó distradamente, por inercia, pero poco a poco la mente del casto fue electrizándose al ritmo del pequeño cuerpo que se alabeaba empujando la carga, y se fijó morosamente en el cimbrar de la mínima cintura, en el contorno de las patas y del diminuto abdomen... ¡Oh, delicia! Ya estaba la guita a punto de saltar, ya el erguido émbolo vencía al plomo, ya iba a desbordarse la catarata de esperma reconcentrado durante veinticinco años, cuando en el valle retumbó la voz desesperada del padre Logorrea, el cual acudía con un “Detente Pitxa” en la mano.
-Alto Alto! Profanación! –gritó-
Aña-Beltz surgió de detrás de un risco, montada en la cabra-nodriza y con las tijeras en la mano. Lanzaba ululatos sobre el reclinatorio doña Emerenshi, mientras que Don Cashimiro se tiraba furiosamente de las barbas, de rodillas en el umbral de su casa. Entonces Harri, dispuesto a todo, sintiendo que el bramante de su prepucio había altado y que el alud ya no había quien lo contuviera, aulló con lágrimas en los ojos:
-¡Mehe abeis proibihido handar con muhujeres, pero dehe ormihigas noho mehe dihijisteis nahada!
¿Saltará reventada
la bragueta del mártir? ¿Llegará a tiempo el padre
Logorrea con su “Detente Pitxa”? ¿Adaptará Xabier Lete las
canciones de Ramoncín al eusko-soul? ¿Será virgen
Amaya la de Mocedades? ¿Subirá el papel de báter en
la letrina del Boulevard?
(Continuará)
FALETE