Las desventuras de Contxita

PRESENTACION
Contxita es la novia secreta del pequeño príncipe, de muy pequeña fue secuestrada por un Ovni y ha vivido en muchas otras galaxias hasta hoy. Lo que ha pasado es que cuando sobrevolaba Bilbao en un globo de colores, en su primer viaje al planeta tierra, se empezó a ahogar con un humo asqueroso, pestilante y rojizo, y no tuvo más remedio que pinchar el globo con su mágico alfiler con cabeza de emakume y lazo negro.

Pero tuvo mucha suerte, fue a caer en un stok de colchones que tenía un trapero de San Francisco.

En realidad Contxita ha venido a la tierra a buscar al pequeño principe al que había conocido en un planeta donde sólo había hierba y caracoles. Una bruja de Venus le había contado el día anterior que el principito se había unido al frente polisario y como ya estaba harta de vivir en el planeta Kung Fu donde habia pasado donde había pasado 1.000 años, o sea 5 meses terrestres, se cameló al ciego del gran santuario para que sus gusanos de seda le hicieran el globo, y zasss, rumbo al planeta tierra.

El viaje fue muy aburrido. Lo unico que la salvó de no morirse de asco fue el brebaje verde que le había dado el ciego Ying y que servía para ver las películas de dibujos animados que hacían sus compatriotas terrestres y así irse enterando de la fiesta.

Lo que no sabía Contxita todavía, era que la casualidad mezclada con la mierda atmosférica le iban a hacer caer a sólo 100 metros de donde nació. Ella no se acordaba de nada porque los malvados ovnívoros se la habían lleado al espacio cuando solo tenia un añito, un dia de octubre que ia con su madre a ponerle una vela a la amatxu de Begoña para ver si le salian los dientes a su padre. No se acordaba de nada, ni de los sufrimientos de su padre, un tanguista palankero, ni de la bondad de su madre que le frotaba con ajo todos los días a Tango King en las encías para que le volvieran a salir los dientes y así volviera a cantar como el mismisimo Gardel.

De aquellos días sólo conserva el mágico alfiler. Se lo había dado una monja unos minutos antes de que un intenso rayo la elevara por los aires hasta la plateada nave espacial.

CONTXITA Y LOS HOMBRES DE GRIS
Nada más caer en los colchones del trapero de la calle San Francisco en Bilbao, se dió cuenta de que hacía mucho frio porque llevaba la túnica de seda que solía usar en Kung Fu. Pero enseguida se solucionó su problema: el trapero joven y Penélope rebuscaron entre los trapos y entre risas le regalaron un vestido verd y un abrigo de piel de gato.

Penélope, antes de la misteriosa operación, se había llamado Juanito el Trianero y, aunque Contxita ni lo imagina, habia sido amigo de borracheras de su padre.

En esos momentos se acordó de su novio el pequeño principe y le pregunto a Penélope por dónde caía el territorio polisario. Como no le podia explicar más le dijo que buscara a un periodista y que les distinguiria de los demás hombres porque andaban con prisas, bebían muy rapido de los vasos y hablaban mucho de la gene que salia por la televisión.

No le costó mucho encontrar a un periodista orque uno de los ovnívoros que la secuestró hacía una revista de plástico rosa que le había gustado siempre muchísimo. Pero cuando lo encontróiba con mucha prisa atándose la bragueta y repitiendo todo el tiempo es que no puede uno ni echar un polvo a gusto, que se vaya a la mieda el bip-bip, vamos a ver que bronca han montado.

No le hacía ni caso, iba pegando todo el tiempo puñetazos a un aparatito como un bolígrafo pero más gordo y cuadrado y ni siquiera el mágico alfiler con cabeza de emakume y lazo negro de Contxita sirvió para que le atendiera. Harta de pincharlo, decidió que lo mejor era volverse invisible con la pastilla roja que le habia dado un poeta cuando habia ido de vacaciones a la luna, y seguirle a donde fuera al periodista hasta el momento propicio.

Se metieron en un coche negro que conducía un señor que iba gruñendo todo el tiempo. Y el periodista acabó de destrozar el bolígrafo raro con los dientes. A Contxita le picaba la garganta y la nariz porque su acompañante habia encendido un puro y empezó a toser con gran mosqueo de los ocupantes del coche.

Ya habia que bajar del taxi. Pero qué pasaba ahí? Contxita se alegró muchísimo de ser invisible y se acordó de cuando actuó de extra en la guerra de las galaxias y le atacaban los hombres del desierto, pero allí parecia que te iban a hacer daño y luego resultaba que no. En aquella calle los hombres grises –así lo apuntó la novia del principito en su cabeza- gritaban con los ojos enrojecidos, estiraban de los pelos y pegaban con todo lo que tenían, incluidos unos aparatitos raros que brillaban mucho. El periodista dl que Contxita era como la sombra, acabó en el suelo rodeado por una muralla de hombres grises y únicamente el mágico alfiler que tambien era invisible logró romper aquel cerco para que saliera corriendo a un bar. Cuando llegó, mientras resoplaba y bebia un líquido color miel con la rapidez habitual, Contxita tomó la pastilla azul claro, que la volvió invisible.

LA PALOMA