MEA CULPA, MAITEA!
Fueron tales las críticas adversas al primer número de Euskadi Sioux, no tanto por el enemigo especializado como por las íntimas amistades (que son siempre los peores) que un miembro de la revista, decidió salir a la calle con una pegatina en la que ponía: “YA SE QUE ES UNA MIERDA”, para parar el comentario en ristre con que venían los conocidos en masa y de los cuales, dado el número, fue realmente difícil escapar.
De todos modos la cosa no fue para tanto y la revista se agotó.
Ese público que tanto nos
quiere, etc....
Los comensales que se disponían a comer en el restaurante del Hotel Ercilla de Bilbao, viéronse sorprendidos cuando un señor, sin alguna razón erótica que viniera a cuento, comenzó un strip-tease en plan neura que hizo que a más de uno se le atragantara el ajoarriero con langosta, que es la especialidad de la casa.
Mientras el espontáneo “stripper” iba tirando por allá la camisa, por allá el calzoncillo, gritaba, para que todos le oyeran, que si lo hacía era porque estaba harto... ¿harto de qué?, pues harto de tener un solo huevo en los genitales.
Paseóse para que todos lo comprobaran, cuando alguien que al parecer era siquiatra, se le acercó para consolarlo, no sabemos si por la falta de huevo o por que en esta vida ya todo es demasië; cuando al que le daba razones freudianas le atizó una hostia que lo dejó más bien cortado y que en algún modo podría no suponer que el agresor tenía un bien plantadopar de cojones.
El señor fue rápidamente reducido, suponemos que vestido y sacado fuera por el personal.
Pero aquí no acaba la cosa. Días más tarde, se fue al hotel Carlton y comenzó a tirar los muebles de la suite por la ventana. No sabemos si es que estaba hasta las pelotas (o la pelota) de la decoración de la habitación que le había tocado.
¿Seguirá la ola de
agresiones sexuales a los Hoteles? Se espera con impaciencia que la mujer
sin tetas arrase el Hotel María Cristina de Donosti, un eunuco de
la Rioja alavesa destruya el Hotel Canciller Ayala y un comando de mujeres
frijidas prenda fuego al Hotel Maisonave de Pamplona.
En un mitin del PNV, entre las acusaciones formales que Lourdes Munitxa lanzó a diestro y siniestro, dijo a los presentes que allí se encontraban d epie, que si así estaban, se debía a la falta de fuste y de fundamento del PSOE que se había comprometido a llevar las sillas a la Feria de Muestras –pues al día siguiente hablaba el Felipe González- cosa que no habían hecho, mientras que ellos se habían comprometido a limpiarlo, cosa que sí iban a hacer.
Y tal que lo hicieron. Un comando de emakumes de diferentes batzokis, armadas con escobas y papeleras, dejó aquello como una patena.
Algún disolvente dijo que
lo de la falta de sillas a lo mejor era una maniobra del PSOE por eso de
que la militancia del PNV, dada la falta de sillas, cantara eso de “En
pie parias de la tierra... eta abar...” y se fugaran hacia el socialismo
descafeinado.
-Hola.
-Hola, Nativa.
-¿Qué haces
-Pues aquí, a la compra.
-La Tere qué tal va.
-Bien, va, bien.
-Ay chica qué tiemp, cómo
s’están quedando las plantas con esti-agua; teníamos una
florada qu’era l’admiración.
-Ya dije ayer qu’ib’a llover: por
el reúma.
-Toda esa sabanería tengo
que pasar a este otro lao, a ver si tiendo en ese cubierto; se me han hecho
unas quebrazas en las manos.
-Pues aprovechando qu’hemos venido
a por cosas, conque fíjate.
-L’ha dicho don José lUis
que se levante un par de horicas por la tarde, de seis a ocho.
-Pues eso digo, qu’en no teniendo
dolor, como quiera te quedas adormizada adormizada un rato.
-Con la Valentina he estao un momento,
qu’iba merendar unos rastricos que tenía allí.
-La que subió a San Cristobal
y se vistió de montañera ¿no era hija suya?
-No, esa es interesada, de casa
Ripalda es, prima nuestra.
-Oy Amayita, qué collar llevas
azul, como el manto de la Virgen; ¿no me vas a dar un beso?, pues
qué traza.
-Haz “por lá” mi vida, a
ver cómo hace “por lá”.
-Qué zirzotera (1) qu’eres
¿quieres que te ponga l’abuelita el anorás’
-Trai que te lo ponga, toma, corazón,
mete, que hace mucho frío y te vas a enfermar.
-A ver cómo l’echas besitos
a la Virgen ¿por la naricita l’echas besitos?
(1) zirzotera: revoltosa.
En una de las últimas manifestaciones en la que los hombres de Harrelson a caballo motorizado dejan las Partes Viejas de las ciudades hechas un auténtico bodrio de humo, podimos presenciar un momento álgido de barricada, que puede dar ánimos a Euskaltzaindia y ¿por qué no? a la mismísima Karmele Rotaetxe.
Tras unos leves escarceos esquineros en los que un grupo de una veintena de manifestantes a punto estuvo de sera asolado por las FOP –hubo un momento en que un gracioso les gritó a los del casco: ¡RENDIOS, ESTAIS RODEADOS!- empezaron los abnegados manifestantes a levantar una barricada moviendo un coche.
-Un, dos, tres... ¡ieuuppp!... un dos tres... ¡ieuuppp:. se acompañaban en sus esfuerzos. –uno, dos, tres... ieuuppp...
Hubo una ligera pausa y lo que parecía un leve descanso fue rápidamente subsanado con nuevas energías.
-bat... bi... iru... ieuppp... bat... bi... iru... ieuppp. –decían esta vez en sus jadeos- bat ...bi... iru... ieuppp...
Anteponiéndonos a lo que se
le pueda ocurri al propio Consejo General Vasco, la cooficialidad de las
dos lenguas llega hasta las barricadas. BAI EUSKARARI.
Ahora que han llegado los carnavales a Euskadi, pudiéramos bien recordar cierta anécdota de una señora –naturalmente, del PNV de toda la vida- que bien podría dar pauta para evitar el desmadre de inmoralidades que se han realizado sin duda.
Esta señora, que fomentaba una tertulia política en la trastienda durante el franquismo –y de la que como es natural formaba parte a saber: la dueña de un restaurante vecino, la viuda de un gudari de Leiza y un franciscano navarro- sostenía siempre unas drásticas opiniones acerca de Madrid, ciudad en la que no había puesto los pies desde después de la guerra.
-¡Madrid, Madrid! –comentó cierta vez en que en la trastienda se comentaba el hecho de que un joven bilbaíno tenía que ir a la capital del Estado Español a terminar unos estudios-, le voy a decir a usted lo qué es Madrid; que una vez que en unos carnavales fui con mi difunto marido... quisimos entrar en un cabaret para ver lo qué era...
¡Y NO ME DEJARON ENTRAR DE DECENTE QUE IBA!