Año Internacional del niño

PORQUÉ SE SUICIDAN LOS NIÑOS

La historia de lo que en un lapsus linguae muy generalizado llamamos sociedad –cuando el de suciedad sería un término mucho más apropiado y expresivo- es la de nuestra adaptación a los modelos de vida que el Poder (el Dominio) dicta como necesarios. Lo dirá uno o lo dirán (en épocas como esta en que la opresión se sostiene o perdura a causa de miles de principillos interesados) muchos, muchísimos, pero la cantinela es siempre la misma: adaptaros, o todo lo que tenemos se perderá.

Pero la adaptación no es natural, sino violenta. Saturno progresa devorando a sus hijos y nadie puede huir sin dolor de la lex dura sed lex. Todo el que ostentosa o silenciosamente molesta a esa ley, a esa uniformización, es excluido y separado.

Los leprosos nunca pudieron pasar más allá del umbral de las ciudades medievales. Los locos, las mujeres, muchos pueblos –tan diferentes en lo cultural como débiles en lo militar como los aztecas por ejemplo- encabezarían algunos de los capítulos del libro negro de la adaptación.

Y habría también uno, bastante largo, dedicado a los niños. Aquellos niños de Dickens, espanzurrados para mayor gloria de la producción industrial. Y estos niños de ahora, tan mayores, sitiados entre millones de Heidis y de Pipis. Estos niños de siete horas diarias de clase (que sumadas a las de los deberes hacen una jornada laboral similar a la de los ejecutivos) a quienes, como a toda inversión que se precie, se exige una rentabilidad. Los niños manipulados por la publicidad de productos que buscan ampliar mercado. Que juegan a tener teléfonos y a estar muy ocupados. Que forman parte, inmediatamente después, de muy serias organizaciones juveniles políticas y recreativas. Estos niños tan modernos.

Pero no todos sobreviven, algunos Pulgarcitos se pierden en el bosque para siempre. Quiero decir que algunos niños se suicidan.

Escriob estas líneas en un centro escolar de Bilbao en el que se nos acaba de comunicar que uno de los alumnos de 1.º de BuP se encuentra en gravísimo estado tras la ingestión de un tubo de barbitúricos. Hace unos veinticinco días recibimos la noticia de que otro alumno –también de 1.º de BUP- había muerto al lanzarse desde el puente de la Salve de Bilbao. Esta misma semana, la prensa ha informado dle suicidio de un chaval de dieciséis años.

No hay nada que añadir. Acabo aquí esta reflexión en su recuerdo y os la envío acompañada de los dibujos de una compañera de estos perdedores que acabo de recoger del aula de dibujo.