HARRI BATUA CONTRA LOS MESETARIOS

CAPITULO LCXXXVII.- De cómo Harri Batua, tras dejar a buen recaudo la urna que contiene el pene incorrupto de Gabino Harana, es designado Protovirgen por los ancianos del Bizkai Diru Batzar, y en su gallarda trayectoria se
ve atajado por un comando de AKI (Abertzales Kimikamente Impuros) disfrazados de secretas y armados con lanzabotes de maketita, al arma misteriosa de los Mesetarios capaz de debilitar los roblizos músculos de nuestro héroe.

Sahandinistas! ¡Soholidaridad!

Así grita Harri Batua, estremeciendo el bosque de puños enhiestos con su potente voz de sochantre abaritonado. Y, simultáneamente, le arrebata a un manifestante desmayado la bandera nicaragüense de papel couché. En el pecho y espalda de Harri rebotaban las pelotas, y en rededor suyo caían los burrukalaris como moscas rociadas por el DDT del gas antidisturbios. Algunas de aquellas pelotas que le llovían encima, Harri las cazaba a bolea y la devolvía en fulminante dos paredes contra las FOP apostadas en las inmediaciones del Barandiarán, y de cada dos paredes mordían el polvo –e incluso lo saboreaban, dado que los habían tenido seis días a bocadillo de mortadela- de quince a veinte FOP. Había divisado Harri Batua, desde su privilegiada estatura de seis pies y medio, y a través de sus ojos color camisa de pelotari recién llegado de Miami, cómo se acababa de apoderar del megáfono un euskaldunberri microrrínico en el cual reconoció al jerarca López del TMT (Todo Menos Trabajar), y de inmediato lanzó su grtio de ataque:

-¡Aharrayau! –Askatubidubida!

Tras el irrintzi de guerra, procedió nuestro esforzado Harri a abrirse camino entre la masa de manifestantes, y a aquellos que se quejaban porque les aplastaba las costillas a codazos, les amonestaba con un refrán:

-¡Nahikihide ezta ahadizkihide!

O con este otro:

-¡Beti zaharrean!

Era imprescindible apoderarse del megáfono, ya que el jerarca López, del TMT era uno de los saboteadores retóricos empeñados en introducir en la Euzkal-Heliztia la W, la F con tide y la BÑ siberiana. Pero en estas, Harri vio que desde la acera un hombre disfrazado de derviche gascón, que llevaba cogido del ronzal un camello cargado de helecho medicinal, se dirigía a él poniendo una mano en la cabeza con tres dedos levantados, moviendo las descomunales orejas, y, con la mano que le quedaba libre, haciéndole una a modo de higa o “bras d¡honneur” –onorezko besoa, en labortano del sudoeste-, al tiempo que con el dedo gordo del ojo contrario mostrando una pupila amarilla que bizqueaba espasmódicamente.

-¡Haraiopola! ¡Ehe sihigno mahasónico dehe lohos Rohosacruces del Krihisto de Lehezo! masculló con ronca voz Harri Batua. Y decidió sin vacilaciones dejar el castigo del megafonista para otra ocasión. Se santiguó cinco veces del revés con el pie izquierdo, e hizo la señal de medias de pitos hasta tocarse la nuca con la lengua, para hacer comprender al falso derviche que le había calado, y acto seguido se acercó a él.

-¡Aharrayua! ¿Qué se te ofrehece?

-Vengo de parte del Bizkai Diru Batzar.

E iba a atender Harri Batua con su incomparable solicitud hidalga al enigmático derviche, cuando sus orejazas de caracola de Ondarreta captaron la consigna pirata lanzada por el TMT a través del megáfono:

-Warzelon’en PCI bat hil zuten!

-¡Apoxahar! –Ahalajahinia! -.Aha dicho uhuna C! –resopla Harri Batua, deshojando de golpe el Bulebar con su suspiro. Y se dispone a abalanzarse sobre la cabecera de la manifestación, cuando el derviche le detiene:

-¡Alto! ¡Hay cosas más importantes! ¡Ya han traído el resultado de la prueba de la rana! El Bizkai Diru Batzar te acepta como Protovirgen y Zakilgarbi Nagusia.

Al oírlo, Harri Batua se enternece, y por sus mejillas curtidas como bota de vino de artzai del Txindoki ruedan dos lágrimas ácidas de turbio txakoli.

-Zahakilgaharbi Nahagusia... –repite, enervado.

Fue un momento de debilidad emocional que el trágico y solapado destino pudo aprovechar taimadamente para acabar con nuestro héroe, pues no se dio cuenta de que un comando del AKI, vestidos todos de secretas para pasar inadvertidos, se le acercaba a paso de lobo. Todos portaban pistolas lanzabotes.

-¡Cuidado! –aulló el derviche- ¡Son lanzabotes Zeppo de 500 c.c.! ¡El arma habitualmente utilizada por el AKI!

-¡Oh, noho! ¡Maketita noho! –se espantó nuestro euzko-paladín. Y echó a correr, mientras las aberturas de su gallarda y protuberante nariz percibían con alarma y horror el inconfundible aroma a esperma de garañón de grises nacido en Ciudad Real con que los comandos científicos del AKI elaboraban sus gases debilitantes de la raza. ¿Podrá llegar a tiempo Harri a la sacristía del Padre Logorrea, S.J.? ¿Sabrá callar si le capturan dónde ha escondido la Xiplixa Santua incorrupta de Gabino Harana? ¿Ganará el domingo la Real? ¿Bajará de veras el precio de la carne? ¿Se meterá Mujika Herzog a Voluntario de Regulares? (Continuará)

FALETE