INFORME: HOTEL MARIA CRISTINA

El Ayuntamiento de San Sebastián ha aprobado el proyecto de ampliación del Hotel María Cristina. EUSKADI SIOUX se propone salir al paso de éste y cuantos desaguisados urbanístico-ciudadanos se produzcan en el futuro. La obra afecta a uno de los conjuntos más bellos de la ciudad. Evitémosla.

Los ciudadanos de San Sebastián que no pertenecemos a la Gestora Municipal (léase partidos mayoritarios) ni a la Sociedad de Fomento (léase minorías que utilizan su donostiarrismo de pro según sople el viento de la economía favorable), hemos sabido de la aprobación de las obras de ampliación del Hotel María Cristina a través de la prensa y como hecho consumado.

Acudimos no pocos al pleno del Ayuntamiento que se celebró el pasado día 14 de Febrero; pensábamos que el tema era suficientemente importante para un largo debate. Si la licencia se concedía, queríamos comprobar con qué carita de rosa nuestros pipiolos edificios daban su consentimiento para cambiar la faz de uno de los más bellos conjuntos del siglo XIX en San Sebastián: el constituido por la Calle y la Plaza de Oquendo, el Teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Critina.

Sin embargo, el tema no figuraba en el orden del día pues la licencia para la reforma del Hotel se había concedido anteriormente en la comisión permanente, es decir, a cal y canto, ya que el pleno por su propia mecánica puede considerarse a puerta cerrada para los ciudadanos.

El Hotel María Cristina se sitúa en el área R de la ciudad, aquella que corresponde al Ensanche Cortázar. En 1978 el Ayuntamiento aprueba inicialmente la versión definitiva del plan especial para dicha área, lo que conlleva la suspensión de licencias. Esta aprobación, que tuvo lugar en un pleno, debía haber quedado así reflejada en el Boletín Oficial de la Provincia. Sin embargo –grave desajuste-, en lo publicado por el Boletín Oficial de la Provincia quedan excluidos de la suspensión de licencia fijada por el plan especial dos edificios aislados: las Escuelas de Amara y el Hotel María Cristina, edificios sobre los que ya en aquel momento planeaba el espectro de la especulación.

Por otra parte –no es fácil explicarlo-, el proyecto aprobado no tiene el informe correspondiente de la Dirección General de Bellas Artes, porque el infomre se refiere a otro poyecto y porque aunque se hubiera referido al proyecto y porque aunque se hubiera referido al proyecto aprobado quedarían por resolver –todos sbemos que de puro trámite- dos cuestiones:

1) El Hotel María Cristina no ha sido todavía declarado monumento artístico nacional. Su expediente fue incoado y la Dirección General de Bellas Artes no puede emitir su informe sin resolver el expediente.

2) El informe que en su momento deberá emitir la Dirección General de Bellas Artes tendrá necesariamente que contemplar los usos del edificio, que en el proyecto aprobado son de una indefinición absoluta.

Finalmente, la Comisión Provincial de Urbanismo no incluye el Hotel María Cristina en el Catálogo Provisional de edificios a conservar en cumplimiento con lo preceptuado por la Ley del Suelo.

Exceptuando éstas que no son minucias, era efectivamente el Ayuntamiento la única entidad dotada para conceder la licencia, pero también l aúnica con potestad para denegarla. Su veredicto, pues, no ha estado a favor de los intereses de la mayoría, sino de una minoría (la Sociedad de Fomento) con grandes intereses.

La remodelación y ampliación del Hotel María Cristina, que prevé la construcción de una cuarta manzana y una fachada monumental, supone la desaparición del espacio abierto en U por el que actualmente se accede al Hotel. Supone también la descompensación de su escala, ahora justamente equilibrada gracias a su retranqueamiento, con respecto a los edifios más próximos. El nuevo proyecto convertirá el edifico en una mole que su entorno arquitectónico jamás integrará, quedando roto, como se apuntaba al comienzo, este importante conjunto urbanístico de la ciudad.

Por otra parte, como edificio singular que es, el Hotel María Cristina no admite, sin que sean alteradas esencialmente sus características arquitectónicas, una fachada monumental y una nueva ala que le son extrañas. El hecho de respetar la disposición actual de la fachada y buscar la piedra más parecida no añade respetabilidad al proyecto sino que denuncia el pastiche. ¡Desgraciado siglo XIX que ni siquiera en sus mejores logros te salvas del exterminio y la adulteración!

El Ayuntamiento donostiarra, que debiera velar por el uso colectivo de los edificios singulaes, puede al menos proteger su singularidad y evitar su progresiva privatización. A la vista de su incapacidad para administrar el bienestar de los ciudadanos, somos los ciudadanos quienes, a través de cartas dirigidas al Ayuntamiento, pliegos de firmas, etc., y como único recurso, haremso pública nuestra propuesta.

MAYA AGUIRIANO