HARRI BATUA CONTRA LOS MESETARIOS

CAPÍTULO MLCCCXXVI.- De cómo Harri Batua, debilitado por la maketita con que le bombardeara un comando de AKI, logra llegar reptando con los músculos del vientre hasta la sacristía del Padre Logorrea S.J., y de allí pasa a la Emisora de Radio Popular donde emite un comunicado falso para burlar a los que le persiguen, y cómo penetra luego en el laberinto subterráneo que comunica la Emisora con el Refectorio de Ejercicios de Aránzazu donde le aguarda un destacamento legal de sicarios del Antipapa Monzón disfrazados de Carmelitas Lefebrianos para tenderle una trampa mortífera.

Habe María Purísima! – roznó Harri Batua, y aspiró con avidez de lebrel el amable olor a lejía de las baldosas de la sacristía. Había llegado hasta allí arrastrándose con los músculos del vientre, y como la maketita le había provocado una maligna erección temía haberse erosionado y despellejado sus partes recién proclamadas protovírgenes por Bizkai Diru Batzar. “¡Ha, lahadinos!”, pensó: “Queheréis aceherme caeher ehen la tehentacihon con maketita afrohodisihaca pahara que luehego mehe viohole uhuna de vuhuestras mahatronas, y ahasí dejaharéa de seher Zahakilgaharbi Nahagusia”. Y como ya se le había acercado el P. Logorrea S.J., con la viscosa y señorial amabilidad que caracteriza a nuestros sacerdotes rurales, Harri canturreó entre dientes mientras sus brazos debilitados trataban inútilmente de realizar el signo masónico de los Rosicruces del Cristo de Lezo.

- Ihiñaxio, guhure patrohoi ahandia. - Oi, semia – frotábase las manos el jesuita, sonriente y enternecido-. ASPACE’tikan ator ala? - ¡Ehez, aharrayua!- bufó nuestro euzko-campeón lánguidamente, y luego acertó a lanzar entre jadeos libidinosos el bertso cabalístico:

Beheusde diskuz horik: Jaunak, gitin liberti Guren Te-Deon kahanta Horok alkarrehekin.

-¡Jasusmariatajoxe!- exhibió las palmas de las manos estigmatizadas con rayos ultraviolestas el P. Logorrea. -¡Zakilgarbi Nagusia!

-Ohorixe-Harri Batua sudaba la gota gorda, notando que su  impoluto miembro era acechado, por culpa de la droga malévola, por una jauría de súcubos mesetarios que se lo mantenían empinado y palpitante. – Mehe ahan ahadministradhado uhuna drohoga sahatánica, pahadre.

Y con un titánico esfuerzo, nuestro irreductible héroe diose la vuelta quedando panza arriba, y así el P. Logorrea puedo ver con gazmoña y ensimismada alarma cómo el pantalón milrayas exhibía en el centro geométrico de la bragueta una protuberancia en forma de gibelurdiñ.

-¿Enpalmatua al zagoz, semila? – inquirió el S.J. con abominable candor.

-¡Bahai! ¡Ahalajaina!

Y el P. Logorrea alzó un dedo, a través del cual se filtraba la luz milagrosa del fósforo sintético con que se untaba las palmas:

-Orrentzako erremedio arrigarria daukagu. “Cilicio Fálico Eléctrico” izenez.

Y el jesuita chascó los dedos. La serora, ante aquel signo, hizo sonar el gong de plata. No se fijaron ni nuestro euzko-héroe, soliviantado por la maketita, ni el padre Logorrea, despistado de por sí, en que la serora aquella tenía los rasgos de López,  el jerarca del TMT (Todo Menos Trabajar) empeñado en sabotear el idioma introduciendo en la Euskal-Eliztia la partícula GW árabe y varios ideogramas arameos, entre ellos a X  con tilde abajo. Tampoco se fijaron en que el sonido del gong imitaba los primeros compases de la Internacional (Auténtica). A los pocos segundos irrumpió en la sacristía, invadiéndola en menos de lo que tarda en contarse esto, un tropel de Carmelitas Lefebrianos, dos de los cuales, los más robustos y lampiños, portaban el Cilicio Fálico, que le fue aplicado en un santiamén a Harri en sus partes, mientras que un tercer Carmelita lo enchufaba a la corriente. Harri, percatándose de la trampa, gritó:

-¡Aharrayua! ¡Sahabotaje! ¡noho es uhun cihilicio, pahadre Logorrea, sino un vihibrador orgahasmático!

Una centella cruzó los ojos del jesuita:

-¡Los eunucos del Antipapa Monzón!

Simultáneamente, se oyó en el coro la vibrante melopea emitida por una veintena de gargantas enardecidas y roncas por el frecuente roce del aguardiente de Cazalla:

Emigrantek eta apeizek Pranzierik jun zirenian Uste zuen giñen zirela Sei ilabet barnian.

-¡Los kakautores de AKI!-echóse las manos a la cabeza el jesuita, empapándoselas con el titanlux rojo camuflado en al manga que llevaba para sangrar durante las homilías.

-“La Car...magnole”-acertó a musitar Harri Batua, cada vez más electrizado por el vibrador que los saboteadores le habían colocado en el falo, en su carismático Zakilgarbi. Vestido de serora, el jerarca López aplaudió, y luego hizo una propuesta con su vocecilla capetovetónica y rebuznante:

-Lo desenchufaremos si nos dices dónde ocultas el Pene Incorrupto de Gabino Harana.

-Jahamás.

¿Llegará a tiempo el comando del Diru Batzar para volar la central eléctrica? ¿Aprobarán en las Cortes el proyecto de ley para la liberación de los trisexuales y animalistas? ¿Nombrarán a Aizpun embajador de Nafarroa en el Palmar de Troya? ¿Se correrá Harri Batua?¿Subirán los farias? (Continuará)

FALETE