“Hay que convertir todo el año en carnaval” Orquesta Mondragón: “Por favor, pon un muerto en tu motor”

-“Alegría y color con chocolates Zahor”

 Este publicitario-hortero raudal de alegría del chocolate, en el sentido puritano de la palabra, era Javier Gurrutxaga, el cantante de la Orquesta Mondragón, a quien nos acercamos con el angustioso sollozo de que nos concediera una entrevista para llenar folios necesarios y completar dos páginas de esta antología de la eusko-parida.

 Junto a él y como estrella invitada a un amistoso diálogo cariñosamente faltón y afectuosamente insultante estaba Johnny Zinbel, esa diminuta a la vez que inmensa joya barriobajera de nuestra música en que por un milagro de la ciencia se transformó Popotxo Ayestarán, que con su chorizo, el celebérrimo “chorizo de Johnny Zinbel” realiza estragos entre los muchos irrompibles virgos, incluso en los durísimos de la cosecha del 62.

-Aquel año sí que hubo buena cosecha- dice el muy proxeneta Javier es el rostro pálido más pálido que este “sioux” ha visto en su vasodilatada vida. Creo que no es un albino porque al final se pasaron un poco en el tinte, pero él todo es pálido: su pelo, sus ojos y hasta sus gafas de concha de peregrino desteñida.

 Su camisa en granate y verde, mejor dicho en rojo-torero y verde le dan aspecto de reprimido e ikurriñoso peneuvero de los años cincuenta, de cuando se unían disimuladamente dos colores de la subversiva tripleta, para completar el blanco con la camiseta o el rojo con la escocedura que a uno le acaban de hacer a porrazos en la cariñosa comisaría de turno. Era un lenguaje de entre líneas como las de la camisa del cantante de la Orquesta Mondragón, cuyas manos se mueven al hablar de tal manera que con la mitad del mensaje.

 Johnny Zinbel habla poco. Apenas interviene quizás porque maquina putadas ultras que es lo suyo, o está pensando en la próxima beneficiaria de su celebérrimo chorizo. El caso es que lo que más destaca de él es la insignia que de la solapa le cuelga con un Groucho Marx, cuyo puro es directamente proporcional al nunca bien ponderado chorizo.

LEGALIZAR LA LOCURA

 Ellos son los Mondragón, un nombre equívoco, sobre el que la calle se pregunta si es por lo de la asociación (ilícita) de ideas entre Mondragón, Santa Agueda y la locura, o si porque todo es un montaje de emporio cooperativista, la otra “locura” que desde que nació, “Arrasate todo lo arrasa”.

 -Pues sí, nos llamamos Mondragón en solidaridad con los locos, únicas personas con las que nos identificamos. Y es que queremos legalizar la locura.

 -Insisto en lo del equívoco. ¿Por qué Mondragón y no Santa Águeda?

 Johnny Zinbel se pone nervioso, mueve el cuello y se apresura a “largar”.

 -Es que a la tal “santágueda” le cortaron las tetas, según cuentan. Y teníamos miedo que por identificación, cualquier día se animaran a cortarme a mí el chorizo o a Javier la pajarita o a otro el pajarito o vete a saber; que se ponen a cortar y van como locos, oiga.

 -Entonces, pese a lo de Mondragón y aunque parezca mentira, no tenéis nada que ver con la Caja Laboral.

 Javier nos dice por lo bajines que andan mal de pasta. Me tiento la ropa, sin embargo, y veo que aún no me han robado la cartera.

-Pues no, lady, digo gentleman, no tenemos nada que ver con la Caja Laboral.

 -¿Y con la caja de recluta?

 -No, yo ya no; hace algunos meses que me licencié.

 -¿Ni tan siquiera con las cajas de muerto?

 -Oh, sí, con esas sí. Son nuestras cajas favoritas. Johnny Zinbel es un auténtico cajadicto, el terror de las funerarias. Concretamente en el show que nosotros hacemos, él sale metido en una caja mortuoria. Y es que los muertos son nuestra debilidad.

“PON UN MUERTO EN TU MOTOR”

 -¿Por?

 -Mira, concretamente para este año de 1979 el lema de la Orquesta Mondragón es “Pon un muerto en tu motor”. Va a ser una canción de impacto.

 -¿Letra?

 -No, que las devuelvo.

 -No, que si me dices la letra de ese humano cántico.

 -Faltaría plus.

“Por favor pon un muerto en tu motor. Por favor, asesina a tu vecina. O si no, suicídate, suicídate, suicídate.” “Ve al infierno muy de prisa, por la escalera del incendio; o toma el coche de línea camino del cementerio. En la tumba encontrarás la frescura que no tienes. Los cadáveres, ya sabes, usan colonia de nenes.” “Por favor, pon un muerto en tu motor...” “Te has pasado de importante para vivir con honor. Estás solo, sin dinero, sin aventuras ni humor. No te enrolles ni me enrolles, no me vengas con disfraces. Muérete querida, sin hacer gestos sin frases.” “Por favor, pon un muerto en tu motor...” “Se acabaron los misterios, maricón de cementerios. Tus helados de vainilla huelen todos a polilla. Ni eres joven ni moderno, ni es verano ni es invierno. No te quedes con nosotros, nos aburres con tus juegos.” “Por favor, pon un muerto en tu motor, por favor, asesina a tu vecina. O si no, suicídate, suicídate o MATA.”

 -O sea, que vais a ser Orquesta (M) u Orquesta Mondragom-2.

 -En fin, no queríamos decirlo, pero nos has descubierto, listillos, que eres un listillo, periodista, más que periodista.

 -Tengo un muerto en mi motor.

 -Orduan, herria zurekin.

 -Eta zure espirituarekin. Tú Johnny ¿qué tienes?¿Tienes algo, tienes mucho?

 -Yo, ni cimbel

 -Narciso    -Tu tía, que además es fría.

¿JOHNNY ZINBEL, CHIVATO?

 -Oye Javier, ahora que el baloncestista frustrado este no nos puede escuchar, porque estamos de pie y las palabras no llegan tan abajo, dime con el corazón en la mano y el chorizo en la otra. No sé cómo preguntártelo, pero toda Euskadi está pendiente, todo el mundo lo asegura:  “JOHNNY ZINBEL ES CHIVATO”. ¿Qué hay de cierto?