IÑAKI MUJIKA ARREGI
-L’EZKERRA C’EST TOI-
Proviene del PNV. Y eso se nota.
Los buenos políticos en este país no son ni de ETA ni del
PC. Los de izquierda,
claro. El Oficio es cosa de gente
mayor, que aun estando en cualquier extremo, son moderados. Es lo propio,
un
algo que les distingue de tantas
Fernanditas adolescentes, las niñas y los niños esos que
les encanta el
movimiento continuo del bailongo,
los pieses que casi no tocan suelo como si la inteligencia les planease
y que
resulta ser la gran facultad de
muchos otros líderes políticos. Travoltillas, que sois unos
encaramaus a la magia
de la Fiesta roja, sin hacer tan
siquiera de los partidos políticos txarangas, ni de los discursos
canciones
picantes.
Y lo de “Zurdo” no es porque el
izquierdo le gane al derecho, sino por Oficio. Lo digo. Sobre todo. Sería
un buen
diputado, de esos que no se sonrojarían
ante las gafas de don Alfonso Guerra. Por ejemplo. El Mügica Arregi
le
aguantaría la mirada al Abril
y a todo pichichi, porque es precisamente su mirar, el arma secreta de
este hombre.
Que penetra, vamos, hasta los tuétanos
de la intención de lo que estás diciendo. Y en un castellano
suficiente le
diría al otro don, al Santiago
Carrillo: “usted, amor, las ve venir, pero le pasa lo que a muchos generales:
tiene un
ejército derrotado”. O en
pleno barullo obrerista, en ese plan socialistón que se sueel poner
el otro Múgica, el
Herzog, preguntarle en voz alta:
“¿qué tal sus negocios de expropiaciones y grandes almacenes?”.
Y cosas así
que entre gente del gremio consigue
rebajar momentáneamente –sólo momentáneamente, esa
es la verdad-, la
demagogia en la sala.
Pero no. Hay quienes han preferido
deambular por los atajos que sólo conocen bien los mugalaris por
mucho que
sean caminos asilvestrados. Como
pagando una maldita penitencia colectiva. Porque lo de Euskadi es una liturgia
de no-sé-qué culpabilidad.
La alienación más estúpida que padece este país
es la demagogia, porque resulta ser
la factura de una histeria política
generalizada donde los buenos y los malos, la razón y la sinrazón,
el prestigio y
todo lo demás cambia, gira,
se torna mezquino y degradante para quienes abusan de tales argumentos
de
mamelucos. Como en el imposible
diálogo del Zapato, señores, no tengo lenguajes para decirles
a ustedes lo
hartos que estamos todos, de todos
nosotros.
Porque Euskadi es como una mujer
mal follada, que guarda dentro de sí un mundo a explorar con los
labios, con
las manos y la distancia. Con la
lujuria, con el cuerpo caliente de un morreo cruel si es necesario contra
la niña o
el tío si son como la frigidez
política, ortopedia que tanto abunda entre nosotros. La mal follada
es una mujer a la
que hay que tratar con método
experto, no importa si duro resulta al final, placentero. Por eso hay que
hacerlo
borracho, que es como ser político
en Euskadi, alucinado del todo.
Antes se decía que la vida
era la que enseñaba. Es otra mentira. Son algunas vidas las que
aprenden. Y mientras
siempre es tiempo para follar y
encima no pasa nada fuera de uno mismo, el otro es un Oficio viejo y
especializado. Como el mundo. La
Política es un Universo de nunca cumplida satisfacción. Y
por mucho que haya
un tipo de Administración
Pública que se realiza sentado, las bayonetas sirven para cualquier
cosa menos para
sentarse encima. Por ello es bueno
aprovechar cualquier trabajo para aprender a ser bondadoso. Que no es
moralidad, sino sabiduría.
Con tiempo, ese mínimo tiempo que nos queda a la presente generación,
traer a la
realidad de hoy las fantasías
que de jóvenes sospechábamos que podrían existir tras
recibir los bastonazos de la
abuela. Ay la pasión que
se siente apoyando la cabeza sobre otro pecho, cuando los latidos forjan
la soledad y
hacen del silencio, un conocimiento.
GARIKOITS ZABALA
mi ultima hostia en donostia
(Historia autobiográfica
del idilio entre Mikel Pastels y Magdalena Ortiz, todo un lío pastelero)
Cogidos de la mano que nos quedaba
libre (la otra la teníamos puño cerrado a las alturas y “eusko
gudariak” al
aire) avanzábamos por la
Avenida que la burocracia ocupacionista llama de España, pero que
los abertzales
donostiarras conocemos con el nombre
de “los gudaris de ayer, de hoy, de mañana y de siempre”. Pero la
burocracia, con el consenso de españolsitas
de todo cuño y de seudopatriotas claudicantes, mandó nuevamente
sus mesnadas contra el pueblo de
verdad.
Irrumpieron como siempre sin piedad,
porra en mano, mientras Radio Gris (la que más se escucha en el
País) se
obstinaba una y otra vez en utilizar
el punto rojo.
Allí estábamos los
dos parlamentarios electos, erguidos y erectos.
-Disuélvanse en grupos de
menos de uno o cargaremos... –se oyó.
-Una vez más se demuestra
que aquí nada ha cambiado y que la represión en Euskadi sigue
siendo como en las
más duras épocas franquisas
–repliqué yo Pastels, mientras Magdalena me susurraba al oído
un “herria zurekin”.
-¿Por qué la UCD, que
es una minoría en Euskadi puede atacar al pueblo que hasta en las
urnas
semidemoburguesas ha sabido dejar
las cosas bien claras?
Es lo mismo que yo le pregunté
al “fopero” mayor, y por toda respuesta recibí lo que da el título
a este
sangriento y estremecedor relato:
“Mi última hostia en Donostia”.
Me aporrearon, nos aporrearon tuvimos
que correr hacia el Dover al tiempo que el porrero no cejaba en su
empeño.
-Que somos de “jerri” –adugimos.
-Pues yo soy de Tom. Corred, ratoncillos
–dijo el muy gracioso.
-Que somos parlamentarios –adujo
Magdalena Ortiz en un claro desliz madrileño colaboracionista.
-Ezo e lo que zoy: un par lamentario
–se carcajeó otro aporreador recién llegado de refresco.
-“Presoak kalera” –se me escapó,
pensando que ya no había nadie que me quitara las hostias de encima.
-Ezo, ezo, a laj galera con loj prezo
–siguió el porrero.
Caímos descostillados por
las escaleras hacia los retretes, buscando un refugio contra tan agresivo
ataque.
Alcanzamos la puerta. Intentamos
abrirla una, dos y tres veces, sin conseguirlo. Llamamos angustiadamente,
hasta tamborrear el “Zai dago ama”
sobre la madera. De repente una voz salió del fondo:
-Que está ocupao –gritó.
-¡Horror! Aquí también
las fuerzas de ocupación –exclamamos como rendidos.
MIKEL PASTELS
telenolte
¡A RTVE NO!
Cuando vi a Paloma Ziluoaga y a Juan
Carlos Eguileor en la mismísima tole del Palacio Impelial, en Telenolte,
un
selvidol, honolables señoles,
se quedó de piedra. ¡Reformistas! ¡Traidores!. ¿Qué
hacéis en las estancias del
Empeladol? ¿No habíais
firmado que jamás iríais a la Tele? Me la llevé a
la urna creyendo que era anarka y me
salió althusseriana.
Pero al final comprendo vuestras
razones, hay que ir allí a recoger el dinero par ahacer de EUSKADI
SIOUX una
gran revista, y es más, iréis
allí a denunciar las cosas más gordas. Y comprendo también
ahora, ¡oh mi pasada y
estúpida ignorancia! las
razones que os impulsan a ir a Eurovisión a cantarles el “La la
la”, “Carabina 30-30” y el
Eusko Gudariak. Mi, en mi ignorancia,
honolables Paloma y Eguileor, no habel entendido el profundo camino de
vuestlas intenciones. Firmes y al
fondo.
Suenan un clarín en la calle,
la bocina de un porsche, y Telenolte plepala su informativo en el que no
saldrá ni
una sola imagen de las manifestaciones
del metal, ni de las de la amnistía, ni la de los estudiantes de
Deusto, ni
las agonías de los estudiantes
de Soria, ni ná; la entrega de un cheque a las Hermanitas de la
Caridad de
Logroño, y los goles al Iribar,
y la Coral de Salcedillo, y el libro de la semana, y no sé qué
chorradas más y música
de la Ostiz de relleno.
Mi no sabel si valel la pena il a
la Tele, porque allí váis a ser cuatro contra trescientos,
y váis a ser la voz que
clama en el desierto. Mi no sabel
(sí sabel mejol) que en Eurovisión seréis cuatro entre
seiscientos, y en Telehaya
tan sólo haréis el
show de EUSKADI SIOUX, y en la Organización de Televisiones Unidas
seréis cuatro frente a
2.000, y haréis el show de
los teleñecos. Mi no sabel pol qué il allí y no a
la Asamblea de Teleles Vascos. ¿Será,
honolables señoles, porque
en la Asamblea de Teleles Vascos no váis a por dinero, no váis
a estar en minoría
infrahumana, y se podrá hablar
en Euskara?
Serranillo, serranillo
no me engañes vida mía
qué mala saña tiés
pa mí,
cuando mil votos te di.
IÑIGO ARRISKUTSUA