Komando 6 Tetas.- ¿Cuántos
kilos has dejado en UCD para llegar a ser segundo candidato al Congreso
en
Vizcaya?
Julen Guimon.- ¡Pues hombre...,
¡Si lo que he hecho ha sido engordar! Es una cosa tremenda; lo mío
no tiene
solución. Ya por fin he claudicado,
pero llevo dos años sin comprarme un traje porque pienso que no
me va a
servir de nada, que me voy a poner
a régimen y voy adelgazar los diez kilos que adelgacé en
una ocasión
haciendo régimen... no, no
he perdido kilos, sino que he engordado algunos. Mirad, mirad como me queda
el
cinturón: va y viene.
Por fin ha conseguido Julen Guimón
salir diputado. Bilbaino de toda la ida –nacido en una de las buenas familias
del Bocho-, alumno de los jesuitas
de Deusto y becario en las universidades de Nueva York y Yale (donde
dice
que pudo haberse quedado como profesor,
pero que volvió al país “porque se había enamorado”),
Guimón ha sido
una figura inevitable en los cenáculos
político-cultural-artísticos del Bilbao de los años
sesenta. Del Bilbao de
fuste, en una palabra.
Aunque no lo parezca, se acerca a
los cincuenta. Dicen que era esbelto en su época de soltero más
cotizado de
la villa, pero ahora confiesa noventa
y siete kilos repartidos en ciento ochenta y cuatro centímetros
de estatura.
Sonriendo, nos descubre una pequeña
imperfección: “Soy cojitranco y me tienen que hacer los zapatos
a medida
porque si no me produce lumbago”.
En efecto, se levanta ligeramente la pernera izquierda del pantalón
y
obseramos que el correspondiente
zapato lleva un refuerzo de tres centímetros.
Se identifica con “los liberales
progresistas como Jefferson”, y con Gaspar Melchor de Jovellanos “que supo
poner
de relieve la necesidad del cambio
para evitar los peligros de la revolución”.
K 6 T.- Pasaste del DCV a UCD en
el momento oportuno. ¿A dónde estás dispuesto a llegar
con tal de no perder
comba en tu carrera política?
J. G.- Bueno, en el momento oportuno,
no: en el momento necesario. Es decir, en el momento de la derrota total
de Democracia Cristiana, no sólo
de la vasca sino de todo lo que habíamos planeado cuidadosa pero
erróneamente durante ocho
o diez años. Nosotros éramos rupturistas, pero no rupturistas
de cristales o de
crismas... sino rupturistas de toda
la legalidad. O sea, nos imaginábamos un nuevo 14 de Abril, así
de simple.
“YO QUERÍA SER DIPUTADO”
K 6 T.-¿Cuántos enemigos
te has ganado desde que entraste en el partido de Suárez?
J.G.- Mis enemigos me los empecé
a ganar cuando empecé a escribir en la prensa sobre el tema vasco.
En UCD
no he notado mayor problema de enemistades.
En todo caso, algún adversario en momentos determinados, que
haa podido pretender algo que yo
también he pretendido... Quizá haya ganado enemigos fuera,
pero en la casa,
no.
K. 6T.- ¿Y cómo te
lo has montado para conseguir en un tiempo récord el segundo puesto
en la candidatura de
UCD en Vizcaa, y detrás de
un ministro?
J.G.- Hombre, pues yo he procurado...
quería ser diputado, y...
K. 6T.- Ya, ya. Y, ¿qué
has hecho para conseguirlo?
J.G.- Pues... escribir en la prensa
dar mis ideas, trabajar en favor de la Constitución, y mantener...
bueno, una
cierta imagen de persona honesta.
K. 6T.- Bueno, pero esta señora,
y yo, y esta otra, también escribimos en la prensa y nadie nos ha
llamado para
ser diputadas...
J.G.- Pero no os habréis propuesto
ser diputadas...
K 6T.- Así que, según
tú, ese puesto te lo has ganado a base de artículos en la
prensa.
J.G.- Sí, y de trabajo en
defensa de la Constitución, y labor dentro del partido. He ocupado
varios puestos en
este poco tiempo. Hay que pensar
que la organización de UCD tampoco es colosal, o sea que yo era
un
candidato... razonable.
K. 6T.- Y, ¿qué imagen
has pretendido dar’
J.G.- Bueno, yo no he estado buscando
ninguna imagen. Eso vendrá luego. Eso es para personas de un nivel
político destacado. Yo he
procurado servir a este país diciéndole su verdad tal y como
yo la veo, a sabiendas de
que cada uno tiene su verdad y todas
son muy respetables. No es un problema de imagen, ya os he dicho que
me encantaría estar más
delgado y menos lucido. Tengo una persona que cuidaba a mis hermanos pequeños
cuando eran pequeños, que
es de Elgoibar, y que suele venir a casa una o dos veces al año,
y cada vez que
abro la puerta y me ve, me dice.
“¡Eh, Julen, qué guapo te estás poniendo!”. Es lo peor
que me puede decir,
porque quiere decir “qué
gordo te estás poniendo”. Aunque soy consciente del amor con que
lo dice, me llevo un
gran disgusto.
K. 6T.- ¿Tanto te preocupa
tu imagen estética como hombre público?
J.G.- Como hombre público,
no, en absoluto. Me preocupa como persona. Quisiera estar ágil,
y aparecer un poco
mejor ante los amigos, ante las
personas, pero, ante el mundo, no.
K. 6T.- ¿Y ante las mujeres?
J.G.- Me divirtió enormemente
una noticia que seguramente será de algún amigo mío
de “El Correo” y que decía
que yo gustaba a cierto sector del
electorado femenino... NO me acuerdo si los que dábamos bien éramos
Benegas y yo, aunque Benegas era
más conocido y más importante. Pero, vamos, yo creo que fue
una trampa de
Antonio Barrena o de algún
otro.
K. 6T.- ¿Haces deporte?
J.G.- Soy un deportista fatal, lo
he intentado todo. He jugado mucho a paleta, por ejemplo, en el trinquete
de la
“Bilbaina” y también en un
frontón grande abierto. Y es lo que mejor he hecho dentro de los
niveles mínimos,
entre amiguetes. También
he esquiado, y estoy pendiente de poder ir con mis hijos a los deportes
de invierno.
Pero tampoco esquío bien.
Empecé bastante tarde y además peso un buen número
de kilos.
SOLTERON DE MODA
K. 6T.- Tú empezaste tu carrera
política como presidente del Ateneo de Bilbao. ¿Crees que
hubieras llegado tan
lejos si hubieses sido presidente
del Athletic?
J.G.- Bueno, sí, qué
duda cabe que se puede hacer político por ese camino también.
José Antonio Aguirre fue, no
presidente, per jugador, ¿no?...
Tenía otras cualidades excelentes, como la de ser un hombre bueno
y amante de
su país, independientemente
de que jugara bien o mal al fútbol, cosa que desconozco. Pero yo
nunca he sido un
gran aficionado al fútbol-espectáculo.
K. 6T.- ¿Por eso fuiste al
Ateneo?
J.G.- Hombre, yo he sido un personaje
de ciertas inquietudes intelectuales y cogí el Ateneo porque hubo
un
anuncio en “La Gaceta del Norte”
diciendo a ver quién lo quería. Andaba yo en aquellos días
con José Luis Merino
en la galería “Grises” cavilando
qué institución podíamos ocupar para hacer una labor
cultural. Y entonces surgió
aquello.