El señor X del peneuve de toda la vida, casado por la iglesia, propietario de un comercio y con todo el fuste del mundo para derrochar a manos llenas, sigue manteniendo las mismas estructuras familiares de toda la vida. Hasta –y no se asuste ni escandalice el lector- ha pegado con el cinturón en numerosas ocasiones a sus hijas que no le salían commo “il faut”. Vaya, que el problema de la familia autoritaria, de la hipocresía en las relaciones humanas está ahí.
Y en Euskadi pasan cosas parecidas a otros lugares, que el personal joven lleva ya mucho mosqueo de aitas y amas dando el coñazo, y de convenciones sociales, y buscan nuevas formas de via. El piso de estudiantes o de trabajadores y estudiantes o sólo de trabajadores... Y las tías también, que cada vez hay menso que se creen que casarse por la iglesia, aunque sea la catedral de Santiago, es su destino de vida en lo universal y la estupidez.
O sea, que aunque el señor X ni se lo huela –o si lo huele se tapa inmediatamente la nariz-, hay gente que vive junta simplemente porque es otra forma y además folla y a veces hasta en parejas del mismo sexo. Y eso es en Azcoitia o en Aramayona, o en Herrera o en San Sebastián o en la ribera de Deusto. Y la fórmula que está arriba de esta cadena de alternativas al orden familair del señor X es la Komuna.
Malos y buenos rollos
Precisamente en la ribera de Deusto
hay una. Ahora viven tres, pero por ahí ha pasado mucha gente. Estaban
en un mal rollo, vaya, porque las komunas son intentos y a veces va mal.
Cuando fui a decirles a la gente de esta komuna que iba a hacer un reportaje
para EUSKADI SIOUX dijeron que no, que ahora no, porque les pillaba en
un mal momento, que nada de fotos, y que si se las sacaba tendría
que ser poniéndoles la rayita negra esa. Estaban arreglando un local
en la Parte Vieja de Bilbao para bar –un bar diferente-, sacar dinero e
igual ir al campo. La komuna urbana se podía convertir en rural.
Uno de sus miembros un tío con el pelo largo y vaqueros, me cuenta:
-Llevamos como un año o así; por ahí ha estado bastante gente y hasta unas señoras del barrio pasaron una temporada con sus hijas porque no tenían tela. Yo vivía con mi familia y nueve hermanos y me di cuenta que aquello no lo quería. Ahora me voy a comer de vez en cuando y no pasa nada. Antes de aquí ya he andado por otras casas y aprendes mucho, ves de todo. Etuve en una komuna cerca de la de ahora y allí pasaba de todo; un día tenías que llevar a uno a Basurto porque se cortaba las venas o te venían por allí yonkis que se pasaban la vida tirados y necesitaban pincharse la vena. Yo ahora no viviría con un yonki. Hubo una época además que estábamos más metidos en la vida política y entonces salíamos de la reunión, íbamos a beber vinos a Barrencalle y que me digan a mí quién puede comunicarse bien yendo de vinos. Entonces aquello era distinto, pero en los últimos meses me enrollaba muy bien en casa y hacíamos cosas juntos; me podía pasar 15 días sin salir y estar bien. El dinero lo ponía el que podía, porque es hacerle una putada al que está en paro dejarle sin nada. Pero ahora andamos, no sé... Hoy mismo amí no me apetece ir a casa. La gente llega con tensiones del exterior y eso crea dificultades, por eso yo creo que hay que ir al campo. Allí algunos se enrollan en parejas pero yo por ejemplo no. Creo que eso es otra mentira. La gente hace cosas para jamarse el coco casi como en una pareja de casados. En ese tema hay de todo: ahora ha llegado una chica a casa, una abertzale que tiene un hijo y que anda buscando un padre para el hijo. A mí eso me parece una estupidez...
Unas que nacen y otras que se mueren. Aska 1, en Vitoria, una komuna urbana que empezó en Bilbao, se ha queado ya sólo con un matrimonio y sus hijos. En la Rioja (Euskadi casi según alguno que otro) hay unas cuantas que funcionan bien; éstas viven de los productos del campo, precisamente allí ha llegado uno de los que vivía en un caserío de algún lugar de Vizcaya, donde agoniza una komuna rural.
Se disuelve
Es un caserío blanco, todavía
faltan tablas por poner, pero cuando vino el chico de ojos azules que miran
directamente, pelo largo y zapatillas, estaba mucho más destrozado
todavía. Andaba en un bar de la ciuad y le daba vueltas en la cabeza
a la idea de irse a un caserío, volver a las raíces, la vuelta
a la naturaleza, como él dice. Llegó el caserío. Primero
estaban dos, luego llegaron tres y luego había gente que iba y venía.
Ahora está solo y dice que no se puede acodar de todos los que han
pasado por allí. Enseña fotografías, de perros, de
personas. Está muy nervioso con esto del reportaje. Los demás
se han ido y se ha quedado solo en el granero con la vaca que está
a punto de parir, los perros y la huerta: berzas, lechugas, escarolas,
todo lo de la época. El caserío está en venta y los
cuatro que viven ahora se disolverán. La condición para hablar
es que no se sepa el lugar donde está, que permanezca en el anonimato.
-Al principio nos dedicábamos
a ir arreglando el caserío, porque estaba descojonado, e ir sacando
dinero para la comida. Hicimos artesanía, cosas de barro que vendíamos
fuera, y uno de los que estaba llegó incluso a trabajar fuera, en
una fábrica en la ciudad y consegir dinero para una vaca. Después
hemos vendido leche y hemos vivido de eso.
La gente llegaba después
de haber trabajado en la ciudad o de temporeros en la vendimia, ya os podeís
imaginar cómo, con cansancio de la ciudad, con ganas de emanciparse.
En el pueblo les miraban con cara un poco rara porque sólo les conocían por el aspecto, pero los vecinos de su barrio les han enseñado mucho cuando decidieron poner huerta. La alimentación básica era la de la huerta, también algunos pescados que iban a pedir a un puerto cercano. Comían juntos. El problema era a la hora del trabajo: siempre había alguno que no trabajaba y eso producía mosqueos.
-No sé por qué razones (bueno, por rollos de trabajo y de territorios) se han dado mosqueos y también en otras komunas. En vez de hablar, lo que se hace es callarse y eso crea un ambiente y unas vibraciones de tensión que llegan a todos. El tío que mejor respondió, se marchó mosqueado y decepcionado para crear otra komuna. Aquí había una contradicción: A la vez que viviamos haciendo una crítica a las formas de vida, estábamos creando objetos de consumo.
Algunos pasaron por la política. Hubo hasta quien estaba el 3 de marzo trágico en la iglesia de San Francisco de Asís en Vitoria y luego buscaron trascender la política. Eso epxlica el chico del cserío. Abstencionistas han ido a manifestaciones antinucleares y se declaran ecologistas.
Huida de la velocidad, de la competitividad.
-Yo ya no podría volver a
la ciudad, porque la gente es violenta y agresiva y se mete en envolutras,
en las calles o en los coches pero siempre artificiales, pienso que se
está produciendo una mutación y conozco a niños que
se alegran en un atasco de tráfico.
Hasta hace poco no había
organización para el trabajo; ahora sí. El interlocutor se
va a vivir solo a un bosque, sólo de las plantas durante un año.
El seño X se está echando un cognac en el batzoki.