CINE
“POUR QUOI PAS?” un respiro agradable
Todos nos hemos encontrado alguna
vez con libros-oxígeno o músicas que te sacan del pozo, pequeñas
o grandes muletas que te acercan, te concretan tus más irrealizables
sueños; son los momentos con la rara virtud de presentarte comportamientos
sin -¡por una vez!- pedestal, tan débiles, contradictorios,
poco fiables como quieras, pero tan próximo como todo lo que nos
rodea.
Algo así te puede pasar con esta película, a la que entras con la distracción y la limpieza de juicios habituales ante lo casi anónimo; y de pronto es el ligero enganche en esa música que suena como si no y te ves ante una historia que en ningún momento prtende serlo, ni quiere arrastrate y cautivarte con los facilones dramatismos habituales; pero inevitablemente te penetra y se te hace viva gracias al difícil milagro de que se eclipse el narrador hasta hacernos olvidar que nos están contando algo.
Y es esa suave discrección del relato su primer triunfo, la maestría tanto más apreciable cuanto más invisible de volvernos al viejo logro de toda buena narrativa; hacernos no sólo posible sino deseable esa ficción por más razonadamente disparatada e irrealizable que nos resulte.
Y apetece entrar en semejante tinglado y te parece sorprendente en su naturalidad esa abierta y arriesgada armonía, ese antinormal triángulo en que todos y cada uno se comparten privando al mismo engarce homosexual de toda connotación sórdida o risible, tan habituales en el caso, hasta el punto de volver postiza la misma etiqueta, el adjetivo tan fácil de aplicar.
Y es ese mismo esperanzado deseo que vas concibiendo de que salga adelante el intento, el que acaba ganando a la intrusa, la “normal” que pone límites a sus propias transgresiones y que a punto está de renunciar ante la “abominación” –la escena de la frustrada despedida, con el grupo rodeado de Kleenex llorados, es de las que exigen catadores finos- pero acaba-aceptando un “quédate” que no te importaría corearlo.
Creo que ante este juicio sobran las defensas de los muchos aciertos que son como más exigibles en toda peli que se precie. En una crítica como es debido me atrevería a recomendarla como una pequeña obra maestra (¿por qué pequeña? Los críticos “como se debe” son unos mamones) a cuya autora debemso seguir los pasos y etc., etc... Aquí me basta aconsejárosla como un saludable euforizante, ee “moraljasotzaile” que tan periódicamente necesitamos los sioux. Com osuelen decir: imprescindible para su supervivencia.
RAMONOTTO
SUPERMAN la chapuza y el frustre
Tras muchos años de esfuerzo,
consigues al fin desprendente de las anteojeras de la crítica progresiva.
Dejas por fin de supeditar toda creación cultural al más
rápido avance del género humano. Logras por fin obtener una
saludable desconfianza de la misma “cultura” al tiempo que te liberas de
toda la maraña de objetivos, finalidades, contenidos, subyacencias,
lecturas, escapismos, consumismos y demás andiamajes de la crítica
“Triunfalista” (con mayúsculas, de nombre legalmente registrado,
¿lo cogéis, verdad?). Y así convenientemente inmaculado
–o sintiéndotelo-, te metes a ser Supermán con la abierta
receptividad de un recién nacido y las tragaderas del disfrute prestas
a lubricarse ante lo que recuerdas como una historia asombrosa...
Y ves la peli, y te quedas así, pchss... ni siquiera cabreado, lo cual es grave síntoma y sientes que a todos los merecidos reconocimientos puedes oponer un pero inacabable; veamos unos retazos.
Supermán resulta mucho más maniquí aún que en el comic, la Loise Leine, una virgencilla aburrida de serlo, goza de un papel que le sobra, por exigencias del absurdo protagonismo sentimental que recibe (os imagináis un polvo del Supermán) y que la aleja de la inefable Luisa Lane, platónica y decorativa de nuestro recuerdo dibujado; esa iluminada y aséptica redacción no logra desplazar el inolvidalbe ambiente de las gabardinas, los elásticos arrugados y los ceniceros húmeros de “El Globo” original, y ay, el colmo de la aberración, convertir al superpillo y acólitos, quintaesencia del Mal en el tebeo, en esos ridículos bufones, contrapuntos chistosos del héroe, siempre con la jete a punto para el pastelazo.
En fin, quizás no fuera para tanto, pero, o son dos medios de expresión antagónicos que lo dudo-, o los realizadores del Supermán cinematográfico han marrado trasladando el personaje desde su concretísimo ambiente y actitud hasta convertirlo en una especie de Playboy cósmico e irresistible.
Una vez más la riada de millones no lo es todo, y aquí difícilmente podrá hacernso olivdar aquellas ediciones mejicanas de Novaro, con su característico color, que maravillaron nuestra infancia.
RAMONOTTO
el bestiario Municipal de PAMPLONA
LA TRUCULENTA HISTORIA DE UN PRETENDIDO
ZOO
Hará cosa de diez o doce
años, el Ayuntamiento de Pamplona empezó a especular con
la idea de hacer de la zona de los fosos que rodean los jardines, un rincón
de esparcimiento. Se pensó primero en un pequeño lago, pero
el terreno filtraba el agua y la idea no prosperó. Entonces se pensó
en un pequeño zoo y pusieron manos a la obra. Trajeron una pareja
de ciervos y un jabalí que hacían bastantes buenas migas
y se les podía ver por allí, tristes, supongo, pero tranquilos.
Una noche alguien mató a la hembra –una en sus elucubraciones sospecha
que ese alguien llevaba el arma puesta porque se le hace difícil
creer que nadie vaya a buscar una escopeta para fría y premeditamente
matar un ciervo-. El macho pasó muchas noches bramando enloquecido.
Después trajeron un par de ciervas jovencitas que con el tiempo,
tuvieron crías; aquello iba aumentando, pusieron un pequeño
estanque con patos azulones, la primera generación tenía
las alas cortadas, medida muy eficaz a lo que se ve para que se “adapten”
al terreno... Trajeron más ciervos, más jabalíes,
conejos... No sé que pudo pasar pero al ciervo viejo le colgaron
el mote de “ciervo agresivo” y le aislaron en un recinto vallado. Más
tarde volvieron a dejarle reunirse con sus semejantes.
Pero para entonces ya habían surgido más problemas: los jabalíes comían todo lo que se les ponía por delante, incluidos los conejos y las crías de los ciervos. Entonces decidieron deshacerse de ellos dejando sólo una hembra y es aquí donde vuelve a aparecer la bestialidad: Otra vez una noche, algunos de los ecnargados del zoo se acercaron a la murlla, cargaron las escopetas y dispararon contra uno de los jabalíes matándolo; luego, despreocupadamente “porque estaban acostumbrados a andar entre los bichos”, bajan a recoger el cuerpo del jabalí y es entonces cuando el “ciervo peligroso” ataca a uno de los hombres y cuando el otro dispara contra el ciervo para salvar a su compañero... Parece que tendría que ser lógico pensar que cualquier animal reaccionaría violentamente ante una matanza en sus propias narices, cualquier ser “razonable” lo haría, ¿por qué habrían de pensar otra cosa del ciervo, justamente de un ciervo al que algunos años antes habían asesinado a su compañera? ¿No se podía sacar al jabalí de los fosos de otra manera? Al resto de la manada de jabalíes no sé como la sacaron de ahí, pero no hay derecho a que el ciervo tuviera que morir por una estupidez semejante.
No acaban ahí las bestialidades: enlo que de pequeños llamábamos “las catacumbas”, pusieron una jaula grande con suelo de cemento y el clásico enrejado, y dentro de ella y para solaz de los pamplonicas, un zorro. Ese zorro hoy está loco, paseando interminablemente por la jaula... Durante una temporada en la jaula del zorro pusieron un buho real (un águila quizás) que habían localizado con un ala rota; tuvo que ser una convivencia muy “interesante” la que se dio entre ambos. Al buho lo soltaron pero el zorro sigue ahí a pesar de las innumerables cartas de protesta que se han dirigido a los periódicos.
De los patos no sé qué decir; si unos bichos que tienen alas no se largan me quedo sin argumentos, pero lo que está claro es que los foso no es el sitio más adecuado para una manada de ciervos y gamos cada vez más grande. Hay que decir también que en su afán de hacer más grande el zoo han traído muchos animales y que ha habido unos desencajonamientos tan estúpidos que han muerto varios de ellos al saltar por las murallas.
Tengo que confesar que me gusta verlos, pero es seguro que si de mí dependiera no estaría ninguno de ellos ahí; nunca los habría hecho salir de su ambiente natural, yo ya los vería en las películs o en las fotos.
Una cosa que me gustaría saber es en casa de quién se ostenta el preciado trofeo del “ciervo peligroso”.
E.M.