LA EPOPEYA DE HARRI BATUA

Capítulo CFVLIVWBCLIIXI.- De cómo Harri fue a topar con su antitsis humana en la persona de Harjimiro Follahondo Mokordoa, sublime jodedor en seis posturas de Iparralde, el cual le aleccionó sabiamente acerca de cómo colocar en lugar seguro los potrotxos de Gabino Harana, resecos como higos, y cómo dicho lugar seguro resultó ser la Caja Metafísica de Oteiza, a la sazón colocada en los jardinillos de la Banque du Midi

No obstante los últimos y desesperados esfuerzos que hiciera Harri Batua por librarse del preguntoso empalago de las trovas del barítono Mermeladeguy y de las coplas de Manolo Escobar coreadas por López el del TMT y el navarro renegado Marimorena: a pesar de los ímprobos ahíncos con que trató de sacar de su garganta l acanción antimaketita “I wonder how I look when I’m sleep” en versión de Elvis Costello, al final vencieron las melodías decadentes, y, paralizado, hubo de asistir al trasplante de pene en la persona de la Superiora, mujer mostachuda que tras recibir en la pelvis el ya rancio gusanejo pudo probar a los del Sínodo su condición viril y su aptitud para el sacerdocio. (Al año del trasplante ya era Arzobispo de Burdeos).

Nuestro protohéroe Harri, al verse de tal forma fracasado, se dijo que su condición de virgo ya no tenía razón de ser, y, fijándose en la muñeca hinchable de negro liguero que le habían colocado para debilitarle, dejó vagar su imaginación en transferencias de la materia plástica convertida por un momento en su prima pequeña Astiñalde, que era a su vez hija de Logorrea, S.J. y por lo tanto tía al mismo tiempo de Harri y quizá hermanastra, al ser el jesuita nacido d euna Batua y encamado con otra de la misma estirpe. Sea como fuere, ya rota la fimosis artificial por el candente empalme, el baztandarra Marimorena se quitó del moño postizo una horquilla y pincho al hinchable adefesio en el mismo momento en que Harri penetraba en el éxtasis de su solo de zambomba, provocándole un “coitus interruptus” traumático con aderezos edípico-esquizoides de los cuales no se recuperaría en largo tiempo.

Y cuando nuestro Harri vagaba por la fronda de Irati cantando con melancolía neurótica y masoquista aquello de

Etzuen uste Pranzian
Aiñ soldado abilik bazela:
Uste zien oro erorik
Burgazi huren zirela

de pronto sonó, aremolinando la hojarasca, una alboka con gemidos de chirimía, y al llegar Harri a la zelaixa de la cual le separaban dos sugerentes hayas se topó con su antítesis y antimateria el caballero Harjimiro Follahondo Mokordoa, el cual al verle le hizo el siguiente signo carbonario: alzándose la camisa se estiró de los crespos vellos del pubis y, tañéndolos como si fuera una lira, ejecutó el solo de peine, pulso y púa de “La sodomización de las hipotenusas por un fauno” de Karmelo Bernaola. Al mismo tiempo Harjimiro Follahondo se tocaba una oreja con la otra a la altura de la nuca y con los dedos de los pies le hizo una trenza en la crin a su caballo rojo y cimarrón.

Captado el signo por la memoria-ordenador de Harri el supereuskotarra, éste se lo contestó bailando allí mismo el aurresku con la punta de la lengua mientras que las manos libres expesaban lo siguiente en el idioma de los sordomudos: “Kohoño, hi, ze abil emendikan”. Y dijo Harjimiro Follahondo:

-Trankil egon hadi. Ortxe bertan zulo ondartsu bat dago ta bere sarbide Suguina Gorri batek gordetzen ari da, ta zuloko barnean Gabino’ren potrotxo zimurtuak daude.

Después, cuando hubieron descabalgado, Harjimiro Follahondo procedió a refrotarse frenéticamente contra un tronco y en tan peregrina postura le explicó que por encantamiento de una sorgiña que le lanzó el birau, padecía de lapazorritis perversa (1), y que sólo podría curarse con el caldo que hiciese con los potrotxos de Gabino Harana. Aquellos potrotxos se los había regalado Gabino como símbolo de su amor platónico eterno a la que era a la sazón serora de Olabarrieta, la cual puso los sublimes cojonzuelos en vinagre con hojas de zikuiña, los disecó y se hizo un dije con ellos. La serora, amante de las emociones fuertes y de los émbolos grandiosos, se había liado con el Suguina Gorri o dragón rojo de la cueva aquella, poseedor de un cipote bífido, esto es, doble. Ahora, Harjimiro Follahondo pretendía entrar en la cueva burlando al dragón, y apoderarse de los potrotxos para hacerse una pócima según la receta de Arzac y así dejar de padecer la agobiante comezón de lapazorritis.

-¿Yhy cóhomo aharemos? –preguntó Harri.

-Eso es fácil –fanfarroneó Follahondo-. Mediante el materialismo retórico.

Ya habían llegado a la puerta de la cueva o zulo del Suguina Gorri, y de pronto apareció el dragón echando llamas sulfurosas por debajo del rabo y horrisonos silbidos por la nariz. Follahondo, entonces, rascándose frenéticamente el pubis comido de ladillas con un eguzki-lore arrancado al paso, se encaró con el dragón y le espetó el siguiente manifiesto, dejándolo por segundos más y más aturiddo:

-Si atendemos a la capitulación en tanto que tales de los negocios empresarias tomados en su acepción de potencialización estructurizada de un neo-capitalismo no al servicio de las masas sino de las sub-masas podríamos decir que si se pudiese salir de la estandarización de un proletariado capaz pero no capacitado entraríamos en un lapus de infraproducción autogestional simbiotizada que generaría a su vez distintas subestructuras de índole fraccionado pero cohesivas a nivel de estimulación bruta de la autosuficiencia paradójica: éste es nuestro programa, compañeros.

Y el dragón Suguina Gorri cayó patas arriba asfixiado. Momento que aprovecharon Harri Batua y Follahondo para neutralizar a la serora mediante dos llaves japonesas y una llave inglesa. Cuando tuvieron en su poder aquellos cojoncicos negruzcos, Follahondo gritó:

-¡A la Banque du Midi! ¡Hemos de forzar la Caja Metafísica!

(¿Lograrán congelar los potrotxos de Gabino para fabricar aceite inglés? ¿Robarán además de la Caja Metafísica la Caja Física de la pasta? ¿Llegaremos a fin de mes? ¿Me habrá llevado el coche la grúa? ¿De qué estará hecho el chorizo de este bocadillo?).

FALETE

(1) Ladillas gigantes.