EL TRABAJO ..... 1 MAYO.... AL KARAJO

Como ya es habitual en estas verdes praderas donde reyna la paz y la concordia, el pasado 1 de Mayo, sindicatos, Consejo General Vasco y Euskadiko Baztarra obsequiaron al P.T.V., o sea, a todo currante que vive y suda en Euskadi, con una jornada de solaz esparcimiento.

Bajo el lema “El trabajo al carajo”, adoptado en asambleas de fábrica y ratificado por los sectores y ramas correspondientes, los currantes-as acudieron en masa a los actos programados en las cuatro capitales de Euskadi Sur.

Esta vez los festejos tuvieron por marco principal los hotles más estrellados: los de forjas, michelin y polígonos industriales Alaveses se runieron en el “Canciller Ayala” de Gasteiz, a los de la margen izda de la ría les tocó el “Villa de Bilbao” donde, casualmente no había ningún “Burukide”. El rendez-vous de baserritaras y obreretes guipuzcoanos fue en el “María Cristina”, y la mano de obra navarra se dio de ostias para entrar en “Los Tres Reyes” de Iruña.

“¡Que no les falte nada!” gritaba el gobernador civil de Bilbao, mientras el obispo colocaba la hoz y el martillo en la parte más visible del comedor, donde no faltaban los retratos del lendakari Leizaola junto a los de Marx, Lenin y Telesforo Monzon.

Todo se agotó en los banquetes: consomé de ave a la Royale, Menestra de La Ribera o alubias rojas con chorizo, lenguado meunier, chuleta de Villagodio a arroz con leche para todos. Este fue el menú unitario, cuidadosamente elegido por los representantes de la rama de hostelería. “Siempre nos margian”, comentó a punto de congestión uno del S.U., “nosotros habíamos propuesto pato a la pekinesa”.

La Liberté, Egalité et Fraternité iba aumentando con el descorche. El personal se expandió hasta tal punto que un comando infiltrado de “Euskadi Sioux” sorprendió a Tomás Tueros y a Jon Idigoras protagonizando una escena de sofá. “Todos a una, herri Batasuna” susurró el secretario general de C.C.O.O de Euskadi “¡hip... hip... hurra!” brindó, levantando su copa de vodka el de LAB.

Pasando de líderes, el resto del personal se desmadraba como podía: mientras los parados llenaba sus bolsas de plástico bajo la consigna de “lo que no puedas comer hoy, guárdalo para mañana”, otros menos precavidos hacían la del pobre “antes reventar que sobre”.

Bajo las mesas, entre cortinas, detrás de las peurtas o por la puta cara encima de la moqueta el proletariado se entregaba también a los placeres más desenfrenados del sexo. “No pararé hasta follar a toda la mesa negociadora del metal” jadeaba una proletaria lúbrica cuando iba por el noveno. Y los jubilados a lo suyo, liando el porro “esto es mejor que el caldo”, decían en sus corrillos.

Los que no tuiveron acceso a los hoteles se repartieron en jardines, parques y lugares públicos tanto como para echar un palo como para comer una tortilla en familia.

En resumen, el Uno de Mayo fué una verdadera fiesta.

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