CRITICA SULFURICA

CINE
EL REGRESO
fotonovela para JANE FONDA
Se lo han debido escribir para ella. A la medida. O por encargo. Pagando. La auora del argumento se llama Nnacy Dowd. Seguro que el engendro se les ocurrió a la Jane y a ella mientras mojaban maíz tostado en el té en Beverly Hills. Pero lo mismo hubiera podido escribir Nancy Sautier Casaseca. La desilusión se agrava porque la cinta –cinta para colas de caballo de teen-agers años cincuenta- parece empezar bien en el hospital de heridos en Vietnam. Pero nada: lo de Vietnam, pura anécdota, telón de fondo mal pintado, ojo con pasarse. Uno se desencanta metro a metro, segundo a segundo. El espectador ingenuo esperaba un alegato, un panfleto, un grito de una juventud que se mira las entrañas desgarradas por una jilipollez gubernamental-imperialista. Pero las alusiones a los motivos y a los verdugos de chaqué y corbata ocultos detrás de los bombardeos y de las neblinas pestíferas de los pantanos indochinos son prácticamente inexistentes. A lo del Vietnam se le llama “absurdo”, “guerra sin sentido”: piropos. Y  lo que más le acojona a uno es que esos jodidos yanquis hablan de luchar en Vietnam como una función de patriotismo. Considerna que Indochina, Oceanía, los dos Polos, Euskadi, por qué no, Islandia, la mismísima China y las Quimbabmas y hasta Casa-Dios son su patria. En este sentido es, resulta interesante lo de “EL REGRESO” para establecerse uno cómo es la dialéctica yanqui: “nosotros, los patriotas, y el resto del mundo, los apátridas”.

La ingeniosa trama, con cuernos de militar-que-lucha (inválido potencial) y militar-que-luchó (invalido efectivo), puestos por el segundo al primero en obscuro y no determinado contorsionismo que bien pudiera ser una baja al pilón (la Fonda se luce en un primer plano de orgamso recabando el derecho a la corrida de todas las esposas de capitanes del mundo: dos orejas y rabo; y al fnal dice para que se enerne hasta las más pánfilas: “Nunca me había pasado esto”, no se sabe si lo del orgamos o lo del pilón): la ingeniosa trama, os decía, incluye todos los tópicos del mal melodrama, la zarzuela-dixieland y el novelón sensiblero. Estamos ante un pretexto parido par ala Fonda para que realice su papel-transferencia, su psicoanálisis de niña mimada con complejo de culpa sociopolítica, para que encarne sus virus progres y sus rebeldías descremadas incluidas en su flujo menstrual y desmentidas por su situación esencial hollywoodiana de encumbramiento y dólares. En suma: sosez, defraudación, y a veces caídas en lo grotesco. Verbigracia: Al principio la mujer del capitán se niega a ser infiel, pero en cuanto el militar-inválido se metamorfosea en inválido-rebelde (dijéramos mejor travieso) y se encadena a la Oficina de Reclutamiento; en cuanto el minusválido se transforma en manifestnate pegatinero encadenado, va la otra y lo dice: “Pasaré esta noche contigo”. Lo dicho: las fantasías erótico-sociales de la Fonda, sus delirios de tragedia, y de Vietnam, nada: arrebañaduras sin sustancia. A Jon Voight le han regalado un Oscar como quien cuelga una medalla al soldado desconocido. Oh, cielos. EEUU está lleno de Pattys Hearsts: la película norteamericana sobre Vietnam a saber por qué, sigue sin escribirse: tal vez porque en Norteamérica siguen imperando el espíritu del sábado noche y el del Séptimo de Caballería en indisoluble abrazo.

RAFAEL CASTELLANO
 

LA SEGUNDA VUELTA DE PUNTO Y HORA
Cuando el conflicto de EGIN a raíz de que entrase como directora Mirentxu Purroy, uno de los asuntos “feos” era la posible compra, por parte de la empresa ORAIN, S.A. editora de EGIN, de la revista Punto y Hora que tras años de grandes tiradas había bajado, según dicen al mínimo dejando muchos millones de pufo. Más de 10. Por ejemplo. Osea de vender 50 o 60 y hasta 70.000 ejemplares su ruina representó ventas de 8.000 y alguna mala semana incluso de 5.000 También Punto y Hora tuvo conflictos internos y expulsiones de redactores y mientras salió a la calle con Mirentxu de chefa, aquello parecía una hoja parroquial en formato semanario.

La vuelta a la calle de P. y H. Es de por sí una buena noticia. Nos hace falta prensa libre. Y en principio, prensa. Y como ocurre en la mayoría de los casos, lo de “libre” depnde en mucho de los propios redactores. A no ser que se trate de “Cambio 16” y cosas peores. Punto y Hora entra en su segundo tour bajo la doble dirección de Xabier Sanchez Erauskin y Javito Salutregi, que es tanto como tener una seria esperanza de que su revista no sea del atroz sectarismo a que nos tienen acostumbrados los periódicos dominicales dominados por un sector político cualquiera.

El mundo es viejo, viejísimo. Y lo de la prensa libre pasa, necesariamente, por la pluralidad. Es más, por la elegancia en el momento de tratar o dar paso a una información, a las colaboraciones o cuando se facilita entrevistas. El verdadero futuro de P.H. no residirá en que dure todo lo que aguante EGIN, sino en que la propia revista venda y difunda. Dos cosas distintas, desde luego, pero de muchas maneras relacionadas. Difundir, desde el punto de vista de un medio-prensa, reside en tener las páginas abiertas a todos los datos objetivables. Tal cual son. Y mas, en un medio como Punto y Hora vuelve sin casi redacción, con fuerte base de colaboraciones de fuera. Un reto interesante si es cierto, como dicen de la redacción de Euskadi Sioux, que Euskadi va pa-la-guerra.

BORIS ARTIACH