UN POCO DE AIRE PARA UN MADRID CANCEROSO

“Sumergirme, sumergirte, sumerjámonos en la excusa tío”. Mira, el metro es la antesala de la noche y sin embargo nos lleva, nos lleva. Vamos fíate, vamos a la plaza, no hay calderas de vino, pozas de barro, alquimia bucólica, pero estamos los dos. Tú, que eres todos los demás: nocheriegos borrachos, maniquíes, laicos del cristianismo marxista, nombres, nombres, prononmbres. Vente a la plaza llena de esfinges faraónicas, de qkeops del chocolate, de drogas del miedo, de mirlos insaciables, de fístulas con apellido que se resienten saturadas de ideología, vacías de flores, sedientas.

Plaza de alguna fecha, plaza de los doloridos Daoíces y Velardes, niños paralíticos y viejos infantes. Vamos a divertirnos obviando las profundidades. Ya no hay protestas en las canciones de la contratada, sólo hay folklore de la vida, alegría crepuscular, de un Madrid más verdad que nunca.

Descendía contigo, acuérdate, a poner los pies en la tiera, no lo conseguimos. Mientras, recuerda, observábamos a la gente. Mujeres encintadas, pintadas, uncidas de almíbar, que bailaban. Y no estábamos satisfechos. Aquel albedrío que nos hacía una pregunta. Lo hablamos, hablamos de que la Plaza del 2 de Mayo parecía un ataúd abierto, donde cientos de tías y tíos bailaban pisoteando algún muerto, aquello nos alegró. ¿Conexión?. Hace años aquella plaza parecía un cementerio donde residía la muerte. Hoy, sin embargo, las aves escarbaron hasta levantar la verdad y fue cuando nació este día de verbena que me recuerda a Dionisos y a los dioses de la verdad. Desvirgar a la plaza del 2 de mayo por alguno de sus flancos, es un gran placer, es el placer de la fiesta en orden, sin premeditaciones, sin miedo.

Es como aquella teoría matemática de que ninguno de los factores altera el producto. El producto dá lo mismo y suena a alternativa. Allí se juntaban distintos sectores, sustitutivos y complementarios a la vez. En aquella fecha se citaban por uno u otro sitio, pastoas, intelectos, estudiantes heterodoxos, militantes y profestas, todos armoniosamente entremezclados: el producto. Pero tú y yo no nos contentábamos aún. Sólo fue cuando,en el momento en que se abría el baile, apareció en el viento, atomizado, un olor verde, natural, exorcizado, un olor a polvo masticado,a campos sin colonizar que representaba algún “tadzio” de los que no mueren en Venecia, lo que nos revivió, nos alumbró. Trasládate a aquel momento ¿no te acuerdas de aquel bello animal que junto a nosotros bailaba? Sí, en la fiesta de la vida, del 2 de Mayo. Era un muchacho desgarbado, bello, de ojos claros y pelo escarolado, de piernas de cigüeña y cuerpo de muelle. Eso fue la fiesta, a partir de aquel momento retomamos el hilo. Era la fiesta de Malasaña y los asiduos alucinaron. A partir de aquel momento todo se trasmutó: estábamos entre aquella gente, que es la nuestra, saltábamos, retozábamos, fumábamos, nos sentíamos cambiados, nuevos. Eran las fiestas de la belleza y decidimos morir, y decidimos nacer, todo fue tan bello... Plaza de algún día, plaza de la fiesta, fui al desierto y me encontré en un oasis.

pero describamos, ¿quién me impide erigirme en curandero al menos? Lo soy, vya, y mi diagnóstico es el siguiente: Madrid es un enfermo canceroso, vilipendiado y agóico. Es una cloaca sin remisión, por eso, vamos solo por eso, buscamos las arterias más marginales, se llaman Malasaña, Santa Bárbara, Parque Sierra, Retiro y algún otro refugio. Reconozco que es un diagnóstico vulgar, pero he ahí lo esperanzador: todos los que nos divertimos en aquellas arterias tenemos algo de curanderos, y pretendemos curar para curarnos.

Aquella es una zona donde transitan los bueyes aún no condenaods por la máquina, por donde pasan aún afiladores y cacharreros animados, por donde aún se festejan las excusas de las fechas, por donde nacen las sonrisas siempre púberes.

Aquella andanada punto de referencia donde bailamos bufonescamente, riéndonos de los palos de los de siempre. Y ¡pasa el canuto tío! Pásalo que si no lo haces en este sucedáneo de paraíso ya no lo harás.

La crónica del 2 de mayo, admítelo, no se puede hacer. Vívelo, tócalo, cómelo y hazte la tuya. Sólo eso es válido, lo demás es una imitación, un acertijo, un enigma.

EL PRASTICANTE COSMICO.