TIERNO GALVAN Don Enrique
Asi son las cosas. Siglos de capitalidad
han generado una élite de profesionales políticos. Y de comportamiento
pulcro. Hombres que nacen en el corazón del Estado para gobernarlo,
incluso desde el socialismo. (Pero el Estado miente en cualquier lenguaje
y todo lo que tiene lo ha robado).
Eso sólo les distingue de cualquier otro socialismo de la periferia. Del que es nacido y alimentado en las “provincias” dominadas. El Estado y la capitalidad, osease Madrid, hace centralistas, enturbia la comprensión hacia lo que está fuera del Estado-Nación-Unico.
Tierno Galvan, fino intelectual, marxista crítico cuando eso parecía una majadería y hombre de la clandestinidad a pesar de ser siempre público, no puede ser separado tampoco, de todo lo que ha ido rebajando en sus planteamientos políticos. Dirigente del Partido Socialista Popular promovió una corriente socialista marxista siempre situada a la izquierda de un PSOE flojo, flojísimo hasta la muerte de Franco. Los hombres del PSP trabajaron en CCOO, en USO. Pocos o muchos sus efectivos, pero eran rupturistas. Es más, eran gente con bastante mayor comprensión hacia los asuntos nacionalistas. Se unieron a grupos socialistas vascos, gallegos, catalanes, valencianos, andaluces, asturianos. Una federación. Un magnífico proyecto que situaba al socialismo en una corriente marxista muy cercana a los fenómenos nacionales. Pero ganaron los madrileños de toda ralea.
Es imposible evitar la admiración ante el modo como el madrileñismo se convierte en una patología. Las largas y angostas alas del poder deben producir magnetismo del que luego nace la afición de los cazadores. La pasión misma que nunca reposa, que corroe todas las extensiones del pensamiento y nubla, cuando menos, aquellas buenas intenciones... en el PSOE. Los partidos son como proyectos de Estado. En ellos se educan los “estadistas”, ademá de todo lo que enseña Madrid mismo. La cercanía de los ministerios, las tertulias de café, porque para cafeterías, la leche, Madrid. Joder, los mentideros, el contacto físico, la magia de la información de primera mano, aunque sea chascarrillo, la presencia de la moda como super-lenguaje de la pasta, la pastoja, porque para sueldos, Madrid. Ese tipo de gente que nace con todas las posibilidades de llegar a ser... funcionarios.
La metrópoli, los sueldos, el funcionariado (como característica de vida), los chascarrillos y la conciencia lúdica de cuántos madrileños que saben que viven mejor que el resto porque el centralismo es para casi todos los madrileños. Sean de derechas o de izquierdas.
Tierno, nos defraudaste cuanto te acogiste al PSOE. Ya del todo, cheli, entiendenos, atrapado ya del todo por ese partido-Cristobal Colón: “como olvidando de dónde procede, ni sabe a dónde va y , encima, le financian de fuera”. Y usted era más que para jugar a balanza, no sé si de izquierda, o para limpiarle la cara de chulos y prepotentes de los Múgica Herzog, o del maestro rural que de golpe se entera qu eno era él ni el único socialista andaluz ni lo más probable, el más gallito.
Ya lo dijo Zarathustra: “Mirad como trepan eso ágiles simios! Trepan los unos por encima de los otros y acaban por derribarse en el cieno y en el abismo”.
GARIKOITZA ZABALA
ALA MADRID, ALA MADRID, EL FASCIO
DEL FUTBOLIN
Pues bien, estábamos hablando
de Madrid en el mal sentido de la palabra, en el sentido depravado, chupòn,
funcionarial y fascio. Y el futbolín, uno de los artículos
mejor utilizados para la contaminación ideológio franquista,
c’est a dire, comida de coco, tuvo en tan ladina función un épico
protagonista: El Real Madrid, alisa el “penta” más tarde “hexacampeón”,
cuyo a cuyo Flandees europeo futbolístico hace mucho que se puso
el sol, pero que aquí en la vieja piel de toro de merengue se sigue
merendando las ligas, casi hasta el cunilingus.
Si los “herricollas batasúnicos” quieren demostrar que esto no ha cambiado, que todo sigue igual, ue esto es lo de antes pero en disfrazado, tienen en el Madrid una auténtica perla. Campeón antes, campeón ahora, el contrapoder asturiano llamado Sporting de Gijón, se dejó perder la liga en casa, mientras el posibilismo peneuvista del Athletic está de capa caída, el Barcelona chochea más que Tarradellas, pese a que demuestra el tópico de la vocación europea catalana y al Valencia Marito Kempes, involuntario, o menos involuntario ensalzador de la gloria videliana, parece haber perdido en su Pampa los atributos que le convirtieron en la estrella de un mundial que a Videla se lo pusieron como a Felipe II.
El nacional-madridismo era antes en futbol el trasunto del nacional sindicalismo. El Madrid era como un fascio en miniatura, como la caricatura futbolera de todo un estado de cosas, de toda una filosofía del poder. Tenía su Franco, en aquel denteroso parlanchín abuelo, faltón e insolente, que se supo siempre protegido pues hasta el mismísimo “caudillo” le reía las gracias a Don Santi, el Berbaneu, alias Bunkernabeu. El estadio madridista llevaba su nombre, porque le quitaron el suyo de Chamartín, inaugurado uno de los deportes favoritos del fascismo, cual era el quitar a las cosas su nombre para ponerles el del prohombre de turno.
Y las paredes, gradas y césped de aquel monumental coliseo erigido en los años del racionamiento, eran el cobijo casi oficial de todas las grandilocuencias fascistas, desde la “masturbación” sindical del Primero de Mayo, hasta el famoso gol de Marcelino a Rusia, con el jovencísimo Iribar de portero. Y que permitió al dictador celebrar con una orgía de circo sin pan sus 25 años de paz.
El Madrid, cuando Di Stefano, Puskas, Gento y compañía, fue, hay que reconocerlo, un equipo de calidad poco común, aunque no sea menos cierto que cuando las cosas se le torcían la ayuda arbitral nunca faltó. Luego, cuando marcharon aquellos ases y el Madrid sólo sirvió para andar por casa, la influencia de los árbitros hubo de quedar mucho más al descubierto.
Con una férrea y autoritaria disciplina, con un halo de paternalismo que mima a los propios futbolistas con agradecimiento eterno, el montaje madridista ha tenido un cerebro implacable: Raimundo Saporta, inventor junto con el periódico L’Equipe de la idea de la Copa de Europa, en la que los triunfos del Madrid, cinco consecutivos también tuvieron bastante de agradecimiento a los servicios prestados. Saporta es hoy el hombre encargado de organizar el Mundial español.
El Madrid fue durante muchos años del aislamiento internacional hispano, practicamente el único embajador de Franco, y sus glorias eran cantadas por los corifeos del régimen, con arengas patrioteras como las de Matías Prats, un locutor tan hábil y rápido de reflejos como hortera. Las virtudes patrias vestían de blanco merengue. El Madrid hereda la tradición victoriosa de los tercios de Flandes y servía para demostrar que el aislamiento internacional era cochina envidia judeo-masónica. Y mientras la Selección Nacional no se jamaba más rosco que el del 64 frente a los rusos, para declinar enseguida, Madrid ejercía unas funciones paralelas de satisfacción de la libido fascio-futbolera. Argentinos, húngaros, franceses y algún nativo daban al poder madridista, ciertos visos de espíritu legionario.
Hoy en día lo del Madrid no parece haber cambiado mucho. Aunque fuera con poco más de discreción cuando juega fuera de casa, los árbitros siguen siendo sus primeros aliados, cuya estrella, sin embargo, ha caído en niveles internacionales, auqneu su pero específico sea tan importante como para conseguir que le reduzcan sustancialmente una sanción de un año de Copa de Europa y se la terminen amnistinando al morir Bernabeu, como homenaje a aquel 20-N futbolístico. Sin embargo, no parece que vaya a poder arreglar la sanción al díscolo Juanito, jugador sin sentido de las medidas de comportamiento, y que se piensa –como le pasaba a Amancio- que a los árbitros europeos uno por ser del Madrid los puede tratar tan a batacazos ocmo están acostumbrados por aquí.
Pero los “merengues” siguen ahí arriba y han sido uno de los camaleones que menos ha necesitado cambiar para adaptarse a las nuevas circunstancias, quizás porque la gente se ha terminado por tragar el viejo tópico de no mezclar política y deportes. Por eso parece hasta aséptico el grito del himno madridista que en nuestra infancia de los años 50 tuvimos que aprender:
¡Hala Madrid, Hala Madrid...
oh fascio del futbolín!
Telenolte
MADLID TIENE LA CULPA
Honolables señolas y señoles:
Quién no conoce Madrid. Madrid tiene seis letras... De Madrid al Cielo... El Agua del Manzanares... Agua, Azucrillos y aguardiente, La Verbena de la Paloma. Auién no conoce Madrid, la cárcel de Carabanchel, lo mejor que conozco de Madrid, sus chinches. Nada más llegar a la celda viaje interrupto coche celular Burgos-Madrid me entero que acaba de morir Muñoz Grandes, ¡y qué mala hostia!, el enano tardó en morirse siete años más, y es que nos iba a matar a todos.
Madrid, Madrid, Madrid, pedazo de la China en que nací... del choti y de la chulería, de las finales del atleti, de los negocios en los ministerios, porque todo se consigue o se deja de conseguir en Madrid, las citas con el subsecretario en el restaurante de la carretera de Barajas, sobre aparte, negocio concluido, niña de un pueblecito de Salamanca, todas las filigranas del amor, y ahora soy del PNV, y mi mujer sabe lo del PNV, que es emakume, pero nada de Rosi la de Salamanca.
Madrid, el culpable de todo, que lo tomaremos. Con un chistu y un tamboril tomaremos Madridl.
Me robaron la cartera en el metro hace un mes, y la guardia civil me retuvo seis horas en Barajas confundiéndome con el Onaindia, y el Pardo sigue en pié y nadie lo ha quemado, y son los mismos de antes, y tiene más habitantes que Bilbao, pero no tienen altos hornos, y cuando consigan la independencia, si es que algún día la consiguen, funcionarios es lo que van a comer, funcionarios, porque no tienen otra cosa. En vez de alubias de Tolosa tendrán que comerse a Martín Villa y a Freire, y con toda la antiikastolitis que tienen que no les pase nada.
Madrid, el del café Gijón, la ciudad universitaria martirizada porque el Del Burgo padre disparaba con sus navarros con morteros del ochenta, y luego decimos que Nafarrak Euskaldunak Dira, y más vale olvidar eso, y Freire es alavés, corramos un tupido velo. Madrid el de las milicias populares y las brigadas internacionales, Hemingway incluido. Resistir es vencer, Madrid será la Tumba DEL FASCISMO!!!, resentidos, que somos unos resentidos.
TEO